
La escritora Monika Zgustova / ABC
¿Quién es Monika Zgustova?
Nacida en Praga (República Checa), Monika Zgustova vive desde los años ochenta en Barcelona. Traductora, escritora y periodista, tiene en su haber más de cincuenta traducciones, del checo y del ruso, de Bohumil Hrabal, Jaroslav Hasek, Václav Havel, Milan Kundera y Fiodor Dostoievski, entre otros, por las que ha recibido el premio Ciudad de Barcelona y el Premio de las Letras Catalanas. Es autora de una biografía novelada de Bohumil Hrabal, «Los frutos amargos del jardín de las delicias» (Destino, 1997), y de varias novelas, entre las que destaca «La mujer silenciosa», aclamada entre las cinco mejores novelas del 2005 tras quedar finalista del Premio Nacional de Narrativa.
«Jardín de invierno»
ISBN: 978-84-937110-5-4 Páginas: 250
Fecha de publicación: Barcelona, 2009
18,50 euros
Publicado
Miércoles
, 04-11-09 a las 11
:
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Un delicioso fresco histórico de la Checoslovaquia de la segunda mitad del siglo XX que rezuma amor por la cultura por los cuatro costados y dolor a causa de las oportunidades perdidas. Eso y mucho más es lo que podemos encontrar en «Jardín de invierno», una novela en la que Monika Zgustova, autora de otras preciosas historias como «La mujer silenciosa», vuelve a demostrar que es una alquimista de las letras, que sabe colocar con una delicadeza escasa, por desgracia, en la literatura de hoy en día, cada verbo, cada sustantivo y cada adjetivo en su lugar preciso.
Precisamente delicadeza es la palabra que mejor describe esta nueva obra de una autora que se ha convertido en digna heredera de Milan Kundera, Sándor Marai o Imre Kertész, intelectuales todos ellos que nos retrotraen con una mezcla de dolor y emoción a esa Europa del Este cuya esplendorosa cultura quedó arrasada durante algo más de cuatro infames décadas por la barbarie comunista. Escritores de grácil prosa cuyas obras quedaban silenciadas por sus ideas subversivas -preconizaban la libertad en un mundo en el que esta palabra se había convertido en un anatema- para dejar paso a otros que loaban las bondades del régimen de turno convirtiendo sus textos en simples pasquines propagandísticos.
Aparentemente, «Jardín de invierno» es el relato, tantas veces desgranado en la historia de la literatura, de un amor dividido, la historia de una niña, Eva, a la que vemos convertirse en una mujer apresada entre dos hombres: Karel, el tímido músico que pasa sus días atormentado por el mar de ideas que bulle en su mente y que acaba devorado por la infelicidad que nace de su espíritu reflexivo, y Milan, el rudo simpatizante comunista que rompe corazones con su apolínea figura -al menos en sus años mozos- y cuyo único propósito en esta vida es convertirse en un hombre rico y poderoso aprovechándose, para ello, de la maquinaria del Partido.
El alma de Eva basculará entre esos dos hombres tan opuestos entre sí, entre el anhelo del sensible y taciturno poeta que acaricia las cuerdas de su violonchelo con la misma delicadeza con la que rozaría la piel de su amada, y la cruda presencia del zafio joven que es incapaz de ir más allá de la inmediata satisfacción de sus deseos terrenales. En uno encontrará alimento para su espíritu y mucho dolor. En el otro hallará el placer de los sentidos y el solaz del ignorante.
Zgustova plasma el desencanto de una sociedad que ve cómo los antiguos jefazos del Partido Comunista siguen llevando las riendas tras abrazar el capitalismo más salvaje
Un paraíso sepultado por el pensamiento únicoPero más allá de la trama romántica, nos encontramos con el brutal testimonio de un país que ha perdido los referentes morales que un día guiaron su destino, de un lugar en el que la música de Bach o Haydn resuena por los salones de las otrora esplendorosas casas como débil eco de un paraíso sepultado por la atroz invasión del pensamiento único. Un país cuyas gentes pasan de la tímida rebeldía de los primeros tiempos a la resignada aceptación de un destino tan gris como el que preside los edificios obreros contruidos en serie siguiendo los dictados de los burócratas locales y que apenas se conceden pequeñas licencias transgresoras -«bajo la banderas de las juventudes comunistas marchamos los es(c)lavos progresistas», canta la niña Eva en cierto pasaje de la obra- como débil vestigio de sus ansias de libertad.
Un libro, «Jardín de invierno», que concluye cuando esos aires de libertad se materializan finalmente con la caída del comunismo y la entrada del literato Václav Havel en el Castillo de Praga en calidad de nuevo presidente checo. Pero, y este es uno de los mayores aciertos del libro, Zgustova plasma entonces el desencanto de una sociedad en la que en realidad nada ha cambiado, en la que los hilos los siguen moviendo los mismos de siempre, los antiguos jefazos del Partido, conversos ahora al capitalismo más salvaje, convirtiendo a Praga en un semillero de turistas que son incapaces de ver la triste miseria que circunda sus calles.