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En su labor diaria figura una de las tareas más delicadas que se puede imaginar: pedir a una familia, traspasada por el dolor, los órganos de un ser querido que acaba de fallecer con el fin altruista de salvar la vida de otras personas. El doctor Santiago Yus se encarga de este cometido desde hace trece años en el hospital madrileño La Paz. Como coordinador de trasplantes está al lado de muchas familias en los momentos más duros y les traslada una petición «en nombre de miles de personas que están en lista de espera para recibir un órgano».
«No hay estrategias», dice. Sólo normas básicas de sentido común. Hay que esperar que los familiares se tranquilicen tras el «shock» que han sufrido para hablar de la posibilidad de la donación de órganos. «Y hay que asegurarse de que entienden la situación: el paciente se encuentra en muerte cerebral y es irreversible, aunque su corazón siga latiendo porque está conectado a una máquina».
No existen trucos, sino la mirada franca y sincera. «No se trata de convencer -explica Yus- sino de hablar claramente, con transparencia, mirar cara a cara y establecer un clima de confianza para que la familia se dé cuenta de que el fin es bueno. Es una de las pocas cosas buenas que puedes hacer en la vida por los demás».
Poco a poco, Yus explica que los españoles están más concienciados de la posibilidad de donar y que este asunto ha dejado de ser tabú en muchas familias. «Muchas personas manifiestan de antemano a sus familiares la voluntad de donar órganos». Así, a veces, parece más fácil.
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