El escritor Francisco Ayala, entre el ex ministro de Cultura, César Antonio Molina, y el presidente de la Real Academia de la Lengua, Víctor García de la Concha, en el homenaje que recibió en marzo pasado por sus 103 años. / Archivo
Un día después de que la escena española perdiera a una de sus mayores figuras, el actor José Luis López Vázquez, son las letras las que están de luto porque la pluma de Francisco Ayala, uno de los grandes intelectuales del siglo XX, se ha detenido para siempre. El escritor ha muerto a las 103 años de edad en Madrid.
A lo largo de su carrera literaria se erigió como uno de los escritores más importantes en lengua hispana y cosechó numerosas menciones por la calidad semántica y formal de sus escritos, como demuestran el Premio de la Crítica en 1972, el Premio Nacional de Narrativa en 1983, el Premio de las Letras Españolas y andaluzas en 1988 y 1990 respectivamente. Además, Ayala también se alzó con los dos galardones más importantes del ámbito cultural español, como el caso del Premio Cervantes, en 1991, por su labor como escritor y el Premio Príncipe de Asturias, en 1998, por la relevancia de su figura en la esfera cultural.
Las primeras letras desde la Universidad
Francisco Ayala nació en Granada en 1906. Tras formarse en Madrid y Alemania, la Guerra Civil le forzó al exilio desde su cátedra de Sociología en la Univerdad Complutense. Residió en Buenos Aires e impartió clases de Sociología en la Universidad de La Plata de 1939 a 1950. Allí fundó la revista literaria 'Realidad'. Ayala estuvo ligado a la Universidad y la docencia hasta 1977, fecha en la que se jubiló de la carrera académica. Luego se trasladó a Puerto Rico, donde fundó la conocida revista 'La Torre'. Nueva York y Chicago serían sus destinos en EEUU, para regresar a España definitivamente en 1980, si bien, desde 1960 había acudido esporádicamente cuando áun estaba vigente el régimen fraquista.
Ya durante su etapa universitaria comenzó a desarrollar su expresión literaria. Aunque si bien sus primeras novelas, Historia de un amanecer (1926) y Medusa artificial (1927), están influenciadas por el realismo, son la vanguardias artísticas de principios de siglo las que condicionan las pautas de su literatura. El boxeador y el ángel (1929), Cazador en el alba y Medusa Artificial. (1930). Ya en España, Ayala ingresó en la Real Adamedia Española de la lengua en 1984 con el discurso 'La retórica del periodismo'. Posteriormente se casó en 1999 con la hispanista Carolyn Richmond, con la que mantenía una relación desde hacía años.
Una literatura reflexiva
Entre sus títulos más destacados se encuentran La cabeza del cordero (1949), Los usurpadores (1949), Historia de macacos (1954), Muertes de perro (1958), El fondo del vaso (1962) El as de bastos (1963), De este mundo al otro (1963), El rapto (1965), El jardín de las delicias (1971), El inquisidor (1972), El tiempo y yo, El jardín de las malicias' (1978), De raptos, violaciones, macacos y demás inconveniencias (1982), De mis pasos en la tierra (1996), Cazador en el alba (2002) y la autobiográfica Recuerdos y Olvidos'.
También abordó otros géneros, como el ensayo, donde abordó cuestiones de sociología. Es el caso de Tratado de sociología (1947 y 1959), Introducción a las ciencias sociales (1952) o El escritor en la sociedad de masas (1956). Tampoco renunció a la profundización sobre la actividad literaria como en Reflexiones sobre la estructura narrativa (1970), Cervantes y Quevedo (1974) o El escritor en su siglo (1990), Palabras y letras (1983) y La invención del Quijote.
Durante su singladura literaria, Ayala se fijó y reflexionó sobre otras disciplinas artísticas, en concreto, sobre la influencia del cine y su condición de arte masivo, así como en las pautas formales y en las figuras de directores e interpretes. De este compendio de escritos destacan Indagación del cinema (1929) o El cine, arte y espectáculo (1969).
La Fundación Ayala, que no ha dejado de recibir condolencias desde que se ha conocido el fallecimiento del novelista, ha señalado que el escritor "mantenía un estado de salud bastante bueno, hasta que, hace pocos días, comenzó a sufrir un empeoramiento físico generalizado que finalmente ha acabado con su vida". Sus restos mortales han sido trasladados al tanatorio Parque de San Isidro, de Madrid, donde son velados desde las 19.00. Mañana se procederá a su incineración en una ceremonia privada. El director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, ha recordado que el escritor "no quería que se hiciera entierro ni funeral" tras su muerte.

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