La pila bautismal de la Iglesia de San Esteban es la más apreciada por los católicos valencianos. En ella reciberon la bendición de casamiento las hijas del Cid -época en la que el templo se consagraba a la advocación de Nuestra Señora de las Virtudes- y fueron bautizados San Vicente Ferrer, San Luis Beltrán y otros personajes venerables. Esta iglesia -cuyos cimientos corresponden como tantas otras a una mezquita de la época árabe refundada tras la conquista de Jaime I en 1298-, esconde tras sus sobrios muros exteriores una de las ornamentaciones de estucos, pinturas murales y esgrafiados más ricas de cuantas podemos hallar en el patrimonio arquitectónico de la ciudad. Sin embargo, la suciedad y humedades acantonadas a lo largo de los siglos; las superposiciones barrocas (introducidas por Pérez Castiel, el mismo maestro de obras que construyó la bóveda de la Catedral de Valencia) y neoclásicas -las pinturas murales de Vicente López-, así como las burdas restauraciones acometidas en el templo en épocas posteriores, han alejado a San Esteban tanto de su estilo gótico primigenio como del dorado original del siglo XVII.
La intervención también condujo hace meses al hallazgo, en la capilla del Cristo del rescate, de unas pinturas murales del siglo XVII desconocidas hasta entonces, que representan a cuatro ángeles músicos, y cuya atribución no ha sido aclarada todavía.
El recargado estilo barroco, tantas veces equiparado con el carácter y el gusto estético de los valencianos, es precisamente el objeto de reivindicación de La Luz de las Imágenes, fundación adscrita a la Generalitat Valenciana que prepara para mediados de diciembre una gran exposición de arte religioso que no es sino la «excusa» para recuperar las iglesias de San Esteban Protomártir; San Martín Obispo y San Antonio Abad, y San Juan de la Cruz, además de 144 piezas de obra mueble (tallas, pinturas, objetos).
Desde que fue cerrada al culto a finales de 2008, la iglesia de San Esteban ha sido tomada por más de cincuenta personas, entre trabajadores de obra y técnicos de restauración, que trabajan sin demora para que a mediados de diciembre, la exposición «La gloria del barroco» exhiba el templo con un esplendor desconocido.