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Martes
, 03-11-09 a las 12
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En Estados Unidos está bastante instalada la impresión –y la satisfacción- de que con el cambio de presidente han ganado mucha complicidad con la Unión Europea. Todos los memorandos e informes diplomáticos subrayan la popularidad de Barack Obama en Europa y la inmediata mejora del clima y de la relación. Otra cosa es cómo se traduce luego eso en la práctica. En Europa parecen temer que las diferencias de Obama con su predecesor sean más de forma que de fondo, y en Washington temen algo parecido: que más allá de la “obamanía”, la UE mantenga una actitud fría a la hora de implicarse más en cuestiones como la paz en Oriente Medio, la campaña de Afganistán, el reto nuclear de Irán o el cambio climático.
Este martes empieza en la capital estadounidense una reunión Estados Unidos-UE liderada por Obama. En las horas previas circulan documentos elaborados por organismos tan ilustres como el European Council of Foreign Relations urgiendo a los gobiernos europeos a superar algunos de sus “fantasmas” históricos sobre el Tío Sam. La conclusión de expertos como Nick Whitney y James Shapiro es que en las relaciones entre el viejo y el nuevo continente falta término medio: o los europeos se pasan de deferentes con América, o se pasan de críticos. La conclusión del informe es que si de verdad se quiere multilateralismo, hay que ir enterrando los estereotipos y clichés de la Guerra Fría.
En su reciente e histórica intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Obama hizo un inequívoco propósito de enmienda de anteriores políticas norteamericanas unilaterales. Pero también fue muy claro a la hora de pedir a Europa que se “arremangue” más ella misma para resolver los problemas. El mensaje fue, si Estados Unidos se queda sistemáticamente solo ante los retos, a nadie debería extrañar que luego los enfoque a su manera.
Esa es una manera de ver la cuestión. Otra, encarnada sobre todo por Francia y por su elocuente y beligerante presidente, Nicolas Sarkozy, es que Estados Unidos habla mucho de ir todos a una pero a la hora de la verdad raramente toma en cuenta el interés de los demás al plantear decisiones que a veces tienen no poco impacto en terceros, como la posibilidad de que Rusia y la misma Francia tengan que enriquecer el controvertido uranio iraní, o que países europeos tengan que hacerse cargo de los indeseados expresos de Guantánamo.
Los aliados se quejan de que EE.UU. no se aclara en Afganistán
Afganistán es otra patata caliente. Estados Unidos se queja de que sus supuestos aliados ponen poco entusiasmo y menos soldados. Los aliados, de que Estados Unidos no se aclara. Aún es hora de que se sepa si Obama va finalmente a ceder a las pretensiones del general Stanley McChrystal para mandarle más tropas. Parece que el debate interno en la Casa Blanca está encendido y va para largo.
Afganistán es otra patata caliente. Estados Unidos se queja de que sus supuestos aliados ponen poco entusiasmo y menos soldados. Los aliados, de que Estados Unidos no se aclara. Aún es hora de que se sepa si Obama va finalmente a ceder a las pretensiones del general Stanley McChrystal para mandarle más tropas. Parece que el debate interno en la Casa Blanca está encendido y va para largo.
La crisis financiera ha sido sin duda otro vidrioso frente. Washington ha insistido en hacer proselitismo de planes masivos de rescate como los que ellos mismos han propugnado, mientras que las autoridades europeas consideran que ello ya va implícito en sus estructuras de Estado del bienestar, y han puesto en cambio el acento en la exigencia reguladora.
En cualquier caso se supone que a las dos partes les interesa pasar de la buena relación de salón a algo más profundo. Estados Unidos porque en el a veces aterrador panorama diplomático del mundo, Europa es por lo menos lo malo conocido, la única cantera de socios con homologables parámetros políticos, sociales, democráticos, etc. Europa porque si no aprovecha la mano tendida de Obama puede verse arrastrada a una progresiva pérdida de protagonismo en la escena internacional, donde Rusia vuelve a jugar sus cartas con implacable astucia y Asia y Latinoamérica vienen pisando con fuerza.


