
«Abraham Obama Series», de Ron English, es uno de los carteles que recoge la publicación
Empapelaron el país con su imagen y con ello las retinas de miles de millones de personas en todo el mundo. Un torrente de talento creativo animó la última campaña electoral estadounidense, la del «Yes we can» y el cambio. Inspirados por un mismo hombre, Barack Obama, y una gran idea, «esperanza», cientos de diseñadores, grafiteros y artistas plásticos de todo tipo y condición dieron rienda suelta a su creatividad y colmaron el portal web «Designforobama.org» con sus propuestas para carteles en apoyo a su «musa». Y en apenas unos meses, lograron convertir a ese político de nuevo cuño, raza negra y sonrisa blanca en icono. El mayor icono visual que ha dado este siglo hasta el momento.
Ahora, cuando se cumple un año de la victoria demócrata, Taschen acaba de editar una selección con los 200 mejores afiches publicados en la página web, que dan fe de la amplísima creatividad visual que aupó a Barack Obama y los suyos hasta la Casa Blanca. Aaron Perry-Zucker, alumno de diseño gráfico y creador del portal web, cuenta en el prólogo del libro (en cuya edición ha intervenido el cineasta y actor Spike Lee) cómo surgió todo.
Fue a finales del verano de 2008. Llevaba más de un año trabajando con «Students for Obama» en la edición de material gráfico para el senador por Illinois. Hasta que se le ocurrió crear en internet un espacio de exposición de carteles abierto a artistas de todo el mundo. La fórmula (Obama + internet + jóvenes creadores) aseguraba el éxito.
Dice Perry-Zucker que el objetivo era «dar a la gente de la calle la oportunidad de imprimir carteles mosaico de gran tamaño» y con ello movilizar el espíritu creativo de cuantos más mejor. Rápidamente, la galería de imágenes se fue coloreando de azul, blanco y rojo, y una idea fue llamando a otra. El aluvión de propuestas llegó de todas partes. Obama no era sólo el candidato a presidir un país: era el candidato de todos. Camisetas, pulseras y chapas exportaron su imagen por todo el mundo. Su «Yes we can» se convirtió en un estilo. Y los carteles creados para la campaña colgaron en las habitaciones más recónditas haciendo de él una marca registrada a nivel planetario.
Frescura creativa
Como señala el historiador de diseño Steven Heller, esa frescura creativa superó con creces los límites de los habituales carteles electorales noteamericanos, plagados de clichés patrióticos, que «suelen ser obra de agencias poco innovadoras, que aplican rutinariamente las fórmulas de siempre, temerosas de que un detalle novedoso pueda ofender a un único votante». Pero los autores de las obras recogidas en este libro -artistas callejeros y jóvenes creadores en su mayoría- obraron sin corsé alguno, dejándose llevar exclusivamente por el poder de atracción de un político que conectaba con ellos. Explica Heller que, «desde un primer momento, la campaña de Obama procuró enfrentarse a los tradicionalistas de la vieja escuela con una identidad gráfica y tipográfica distintiva y consistente», haciendo uso de una «O» de Obama como emblema y un «azul Obama» como base cromática.
Aañade Heller que, «más allá de los diseños con aprobación oficial, la campaña se vio galvanizada por la energía de Shepard Fairey, diseñador y artista callejero de Los Ángeles, que, sin otros medios que los propios, diseñó un retrato en azul y rojo inspirado en el realismo social». El artista bautizó su creación como «Hope» (esperanza, en inglés). De nuevo, internet ejerció de trampolín y la posibilidad de descarga gratuita hizo el resto.
Empujón hacia el éxito
Otra de las imágenes que conforman la galería de «designforobama.org» fue un robado del cartel de la película de Spike Lee «Did the right thing». «Alguien había pegado la cabeza de Obama sobre la mía», señala Lee, quien, al entrar en la web, comprendió enseguida que había que reunir todo ese potencial de creatividad en una publicación. En su opinión, esta colección de carteles de arte político es una muestra de la importante contribución de los creadores a la victoria electoral de Obama. En esa misma línea, Heller cree que los carteles de «Design for Obama» permitieron a los artistas «participar en el proceso electoral, dar a conocer sus sentimientos y puede que incluso consiguieran influir en otras personas». Y añade: «Bien puede decirse que estas obras son arte por amor a Obama».



