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Actualizado Miércoles , 04-11-09 a las 13 : 21
Que los adolescentes alguna vez llegan a las manos por cualquier discusión es algo bien sabido, pero los enfrentamientos de estos cachorros suponen algo más que una simple pelea de patio de colegio. Paleontólogos de la Universidad de Illinois y del Museo Burpee de Historia Natural en Rockord han comprobado cómo las jóvenes crías de Tyranosaurio rex participaban en reyertas muy peligrosas y se propinaban unas a otras salvajes mordiscos que incluso atravesaban los huesos.
Una de las víctimas de este «bullying» bestial entre dinosaurios se llamaba «Jane», una joven T. rex (tiene nombre femenino, aunque lo cierto es que su sexo está aún por determinar) cuyos restos fueron descubiertos en 2001 en Montana (EE.UU). Los científicos han comprobado que la pobre «Jane» tenía la señal de un grave mordisco en la mandíbula superior y el hocico, que quedaron fracturados en cuatro partes. La lesión no era mortal, pero le dejó un buen recuerdo en forma de cicatriz. Y eso que Jane no era ninguna gatita asustadiza. A sus once o doce años de edad medía casi 7 metros de largo, más de 2 de alto y pesaba alrededor de 680 kilos de peso. Cuando abría la boca mostraba 71 afilados dientes de sierra. Nació para matar, pero se encontró con la horma de su zapato.
Peleas «a muerte» entre los cachorros de las bestias
Redd Scherer, Mike Handerson y Joe Peterson examinan la mandíbula de «Jane» / Palaios

Un «matón» de la vecindad«Jane tenía lo que llamamos una nariz de boxeador», ha explicado uno de los autores del estudio, Joe Peterson. No quedó muy guapa, ciertamente. «Su hocico se inclina ligeramente hacia la izquierda, seguramente roto». Los investigadores determinaron que algún «matón» de la vecindad, otro joven tiranosaurio de la misma edad, fue el responsable de la paliza. «Sólo unos pocos animales podrían haber causado la herida», ha indicado Peterson. Un cocodrilo o un tiranosaurio adulto habría dejado diferentes tipos de marcas de mordiscos, así que sólo quedaba algún «compañero de juegos» como sospechoso.

La investigación, publicada en la revista especializada Palaios, desvela «un comportamiento muy específico de los dinosaurios más jóvenes», explica otro de los autores del estudio, Reed Scherer. El animal que atacó a «Jane» «era del mismo tamaño. No sabemos si era un hermano o un ejemplar del grupo rival, pero es divertido especular». ¿Por qué se pelearon? Como Jane no había alcanzado la madurez, los investigadores creen que el combate no se produjo por conflictos sexuales o de competencia, aunque sí podría haberse tratado de un comportamiento de aprendizaje un tanto bestial para jóvenes dinosaurios. Según los científicos, otros animales adolescentes, en particular los cocodrilos, muestran comportamientos semejantes. Lo que parece claro es que las marcas en la cara de «Jane» no fueron causadas por una infección parasitaria, que sí fue lo que le ocurrió a «Sue», otro famoso dinosaurio que murió por esta causa.
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