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Robo a la carta y a domicilio
JAIME GARCÍA
¿Se imaginan a un individuo cargado con siete jamones en el cuerpo escapando de un supermercado? Querer es poder si la necesidad aprieta. Este hecho ocurrió en un establecimiento de Vallecas, un barrio de Madrid donde, desde hace años, los toxicómanos roban y venden a los vecinos para poder adquirir su dosis. Pero con los efectos de la crisis, algo ha cambiado en los últimos meses, según sus habitantes. Los robos de productos han disminuido en los negocios más pequeños y se han incrementado en los grandes supermercados.
Así lo aseguran propietarios y responsables de sendos establecimientos, y tiene una explicación: «Antes, los chorizos se llevaban lo que pillaban y se lo ofrecían a los ancianos en la calle. Ahora, los jubilados hacen pedidos al por mayor. Les entregan una lista y luego se lo llevan a muchos a casa. Lo sé porque lo comentan aquí las clientas», informa un tendero del mercado Puente de Vallecas.
Buena cuenta de ello también da el comerciante de una tienda de embutidos. «He escuchado que a algunos se lo suben a casa, pero depende de cómo queden. Ahí enfrente -señala hacia un pasadizo- también se hacen entregas. Llega un toxicómano con una bolsa cargada, el jubilado o la jubilada le da el dinero, y cada uno se marcha por donde ha venido», explica.
Esperar o pedir
La práctica de venta ambulante en la calle continúa siendo habitual, aunque con menor intensidad por la presencia de patrullas de la Policía Municipal y agentes de paisano, aseveran los comerciantes y vecinos. Sin embargo, todos en el barrio conocen el «modus operandi»: «Casi todos los viejecillos sentados en los bancos [indican la parte inferior de un bulevar] no están tomando el sol. Están esperando que les traigan productos los drogadictos», advierte otro vendedor.
«Si quieres algo en concreto, hay que pedírselo por la tarde; si no, hay que esperar sentados a que ellos enseñen lo que han podido conseguir».
Tranquilamente, una anciana vallecana ofrece esta información mientras aguarda junto a una veintena de jubilados la oferta de sus vendedores irregulares. Lo hacen a su modo habitual, en uno de los bancos del bulevar de la calle de Peña Gorbea. Muchos portan bolsas vacías que serán rellenadas, en cuestión de minutos o escasas horas, con las «ofertas» del día. Otros, incluso, van provistos de su carro de la compra.
Los ansiosos adquisidores «siempre son grupos de pensionistas», informan los comerciantes y vecinos. De esta forma, consiguen que su prestación mensual les de para mucho más. «No siempre les compro, pero como suelen traer las cosas a mitad de precio, pues a veces me llevo algo, que viene bien», dice una septuagenaria entre risas.
Muchos ancianos también reprueban esta práctica. «Tengo vecinos que compran habitualmente y les digo que por ahorrarse unos duros no lo hagan porque así fomentan que haya más delincuencia en el barrio», cuenta Alicia mientras traspasa su compra legal mañanera de la cesta a un carro. La anciana, que asegura vivir en este barrio desde hace más de medio siglo, conoce a gente a la que últimamente se lo llevan a casa.
La abuela asevera ser interceptada diariamente por drogadictos o personas de etnia gitana que le ofrecen comida a bajo precio y otros productos. «Unas veces me sacan embutido, otras colonia. Me da igual lo que sea. Nunca les compro. Si me piden comida se la doy, pero no les doy dinero para nada», asiente.
Pedidos a la carta
En un comercio de los alrededores, dos dependientas de una tienda de cosméticos y residentes en la zona, acostumbradas a los robos, cuentan cómo actúan estos ladrones. «Es cierto -dice una de ellas- que ahora vienen menos a robar, pero son más selectivos. Se llevan un pintalabios, un champú, un perfume o un tinte en concreto».
«Hemos visto y escuchado a mujeres en el barrio que les apuntan la referencia de una laca de uñas y la marca para que se lo consigan», especifica la otra. Ambas lo tienen claro, «si se lo quieren llevar, que se lo lleven. A mí ya me ha pegado una yonqui por evitarlo», comenta una de ellas.
Según cuentan los vecinos, en función de los pedidos que se quieran hacer hay unas zonas u otras para tal efecto. «Las Navidades pasadas los jubilados les hacían la lista de la compra. Se acercaban a la boca de metro de Puente de Vallecas y, al día siguiente o cuando ellos concretasen, se hacía la entrega por la zona: juguetes, salmón, turrones, aceite, langostinos... de todo», dice un vendedor.
Año tras año, los vecinos más prudentes critican la actuación de estos jubilados que dan cancha a los robos diarios. «A mí me han llegado a ofrecer quesos enteros por 2 euros», dice una anciana. Un ejemplo de precios irresistibles para gente incontenible y necesitada. Ante esta tentación, y más en época de crisis, para algunos es difícil no sucumbir ante esta fechoría.
Para estirar la pensión, muchas personas mayores compran a mitad de precio los productos robados en supermercados por toxicómanos
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