
Durante la mañana y la tarde, el tráfico de alimentos y productos robados en Vallecas es constante | J. GARCÍA
«Está claro que la crisis ha incrementado el robo en nuestro establecimiento. Todos los días tenemos hurtos. Cada vez hay más», advierte cansado el gerente de un hipermercado cercano al bulevar de Vallecas. «Los vigilantes -continúa- atrapan diariamente a muchos ladrones con las manos en la masa, pero otros tantos se escapan». Según los responsables, los productos preferidos para eludir la caja son aceite, alcohol, maquinillas de afeitar y embutidos envasados, sin dejar de lado la cosmética y droguería.
Los delincuentes de poca o mucha monta van preparados a conciencia. «Traen varias capas. Por ejemplo, un pantalón ancho y una malla debajo, donde van metiendo todos los productos sin que se les caiga», advierte la encargada de un supermercado. Los menos sofisticados optan por guardárselo «debajo del jersey o la chaqueta y salir corriendo». «Ayer, sin ir más lejos, vi a uno corriendo que salía del supermercado cargado de productos. Cuando quieren atraparle ya se ha desprendido de todo», dice un charcutero.
Según fuentes municipales del área de Seguridad, conocedores de este «trabajo a la carta», los delitos «han disminuido de manera importante». Los vecinos lo saben, aunque sigan sufriendo robos en su barrio. «Se ven patrullas constantemente y hay agentes de paisano que evitan que nos entren a robar o que se pongan a trapichear en la calle, aunque sigue dándose, pero es cierto que con menor incidencia», comenta una comerciante de una droguería.
En el otro lado de la moneda se encuentra una comerciante china que está «harta de que le roben todos los días». Lleva seis años regentando una tienda de alimentación junto al bulevar del mercadeo ilegal. «Cada vez me roban más drogadictos, rumanos y gitanos. Me quitan de todo», dice malhumorada.
Desde el Ayuntamiento advierten de que es un problema «difícil de solventar», ya que para que sea delito la cuantía de los productos sustraídos debe superar los 400 euros. «Como los robos suponen cantidades inferiores, se queda en faltas que son penadas con una sanción administrativa de 300 euros». En todos los casos, los saqueadores son insolventes y, por tanto, el castigo se reduce a nada.


