
En realidad, el ámbar fue encontrado por unos cazadores de fósiles aficionados que buscaban restos de dinosaurios en la zona de Sussex -muy rica en yacimientos paleontológicos- y fueron a dar con algo mucho más sutil. Las piezas cayeron en manos del profesor Martin Brasier de Oxford, quien se llevó una gran sorpresa al analizarlas. «Este ámbar es muy raro -asegura el experto-, viene del comienzo del Cretácico, lo que lo convierte en uno de los más antiguos».
Excrementos de insectos y microbiosAl intentar desentrañar sus secretos, el paleontólogo, que ha publicado su investigación en el Journal of the Geological Society, comprobó que el ambar guardaba no sólo hilos de telas de arañas, sino también materia vegetal, excrementos de insectos y microbios antiguos que quedaron atrapados durante el Cretácico inferior, un momento en el que el mundo era un lugar mucho más cálido y dinosaurios como el Iguanodon y el Allosaurus se pavoneaban como reyes de Europa. Los científicos también detectaron en el ámbar evidencias de Actinobacterias, un pequeño grupo de organismos que descomponen la madera y resinas en partículas del suelo.
Pero, ¿cómo llegó algo que parece tan delicado hasta nuestros días? Al parecer, las telas quedaron atrapadas en la resina emitida por los árboles, probablemente como respuesta al daño provocado por algún incendio. El ámbar fue a parar al lecho de un gran lago, hasta que la elevación del terreno y la erosión de millones de años lo sacó de nuevo a la luz. Sólo una pequeña proporción de los depósitos ha sido examinada hasta el momento, por lo que Brasier y sus colegas creen que aún pueden encontrarse hallazgos muy interesantes, especialmente gracias a las nuevas técnicas de imagen que se utilizan en el campo de la paleontología. «Aparecerán cosas aún más emocionantes en un futuro próximo», promete el investigador.
