Actualizado Lunes , 02-11-09 a las 00 : 18
Nada más apropiado ni más valioso como artículo de decoración en estas fechas de Halloween. Científicos de la Universidad de Oxford han descubierto unas telas de araña de 140 millones de años, las más antiguas conocidas hasta el momento y fabricadas por insectos que compartieron su hábitat con los dinosaurios. Los restos de estas redes orgánicas aparecieron conservados como una joya dentro de unos depósitos de ámbar en la costa de Sussex, en el sur de Inglaterra. Curiosamente, las criaturas que las tejieron están estrechamente relacionadas con nuestras cotidianas arañitas de jardín.

En realidad, el ámbar fue encontrado por unos cazadores de fósiles aficionados que buscaban restos de dinosaurios en la zona de Sussex -muy rica en yacimientos paleontológicos- y fueron a dar con algo mucho más sutil. Las piezas cayeron en manos del profesor Martin Brasier de Oxford, quien se llevó una gran sorpresa al analizarlas. «Este ámbar es muy raro -asegura el experto-, viene del comienzo del Cretácico, lo que lo convierte en uno de los más antiguos».

Excrementos de insectos y microbiosAl intentar desentrañar sus secretos, el paleontólogo, que ha publicado su investigación en el Journal of the Geological Society, comprobó que el ambar guardaba no sólo hilos de telas de arañas, sino también materia vegetal, excrementos de insectos y microbios antiguos que quedaron atrapados durante el Cretácico inferior, un momento en el que el mundo era un lugar mucho más cálido y dinosaurios como el Iguanodon y el Allosaurus se pavoneaban como reyes de Europa. Los científicos también detectaron en el ámbar evidencias de Actinobacterias, un pequeño grupo de organismos que descomponen la madera y resinas en partículas del suelo.
Brasier asegura que las arañas que nos dejaron este precioso legado son familiares directas de las que ahora siguen tejiendo sus telas en nuestros jardines. «Se distinguen por dejar pocas gotas de adhesivo a lo largo de los hilos de la tela para atrapar a su presas», explica. «Tenemos estas gotitas preservadas dentro del ámbar y las telas parecen las más antiguas que nunca hayamos incorporado al registro fósil».

Pero, ¿cómo llegó algo que parece tan delicado hasta nuestros días? Al parecer, las telas quedaron atrapadas en la resina emitida por los árboles, probablemente como respuesta al daño provocado por algún incendio. El ámbar fue a parar al lecho de un gran lago, hasta que la elevación del terreno y la erosión de millones de años lo sacó de nuevo a la luz. Sólo una pequeña proporción de los depósitos ha sido examinada hasta el momento, por lo que Brasier y sus colegas creen que aún pueden encontrarse hallazgos muy interesantes, especialmente gracias a las nuevas técnicas de imagen que se utilizan en el campo de la paleontología. «Aparecerán cosas aún más emocionantes en un futuro próximo», promete el investigador.

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