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«Quiero ganar dinero»
De izquierda a derecha, Jorge Moreno, Ana Belén Ramos y Marina Cuadrado | DE SAN BERNARDO
Son las doce del mediodía. Mientras la mayoría de los estudiantes están en las aulas, Ana Belén Ramos, Jorge Moreno y Marina Cuadrado, de 19, 17 y 18 años, respectivamente, charlan y ríen tranquilamente en un banco cercano a un instituto de Secundaria. Hoy se han saltado, al menos, una clase.
Los tres amigos, todos repetidores, desconocen la noticia de una posible ampliación de la educación obligatoria. Impulsivamente, Marina protesta: «¡Sí, hombre! ¿Y quienes no queramos estudiar?». De ser así, adolescentes repetidores de dos cursos como los tres chicos hubieran acabado la formación obligatoria con, al menos, 19, 20 y 21 años.
Ana Belén cuenta que cursó hasta 4º de la ESO. «Repetí dos veces y salí con 17 años. Yo quiero trabajar y ganar dinero». Anabel estudió un curso para auxiliar de jardín de infancia y ahora ha comenzado un Grado Medio de Peluquería, donde ha coincidido con Marina. Mientras estudia trabaja con su padre para «poder sacarme un dinerillo». Por las noches ejerce como niñera. Se siente segura de sí misma y no lamenta su decisión.
Anabel manifiesta que no le gustaba estudiar, pero «si fuera obligatorio el Bachillerato, lo hubiera acatado porque sin la formación obligatoria no se llega a ningún sitio».
Año sabático, y de vuelta
Jorge no es un estudiante ejemplar. Tomó la decisión de no continuar en 2º de la ESO. «Ya había repetido dos veces y no quería continuar».
Dicho y hecho, Jorge dejó los estudios con 16 años. Confiesa que durante un año «he estado en casa sin hacer nada. Como me aburría decidí volver». De nuevo, ha reanudado sus estudios en septiembre. «Ahora estoy haciendo un curso especial para sacarme 1º y 2º de la ESO a la vez», dice entre risas.
Clases nocturnas a rebosar
En el instituto de Educación Secundaria Beatriz Galindo de Madrid, el total de alumnos asciende a cerca de los 2.200. De esta cantidad, 1.000 acuden a clases en horarios nocturnos. Son los que hace, pocos o muchos, años desertaron.
El director del centro cuenta que en muchas ocasiones le han argumentado que dejan los estudios para ganar dinero. «En general, el entorno que rodea a muchos estudiantes es desanimante. Hace poco me dijo un alumno para justificar su retirada: «Es que mi primo dejó los estudios y tiene dinero». Cuando salen fuera y ven las orejas al lobo, muchos vuelven arrepentidos».
Según cuenta el director del Beatriz Galindo, en las clases de horarios nocturnos hay alumnos de entre los 20 y los 30 años. Como diría aquel, nunca es tarde, si la dicha es buena.
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