
El presidente «de facto», Roberto Micheletti, ayer en Tegucigalpa | AFP
Aunque Manuel Zelaya lo celebre como una victoria, el acuerdo -forzado por los Estados Unidos - suscrito con nocturnidad por el depuesto gobernante hondureño y el mandatario interino, Roberto Micheletti, tiene sabor a derrota para «Mel». Su restitución en la Presidencia, punto «innegociable» del Acuerdo de San José, queda ahora en manos del mismo Congreso que lo destituyó «en ausencia» el pasado 28 de junio.
Sin fecha fija, el Parlamento deberá escuchar antes a la Corte Suprema, el mismo tribunal que decretara hace cuatro meses su detención (la ejecución de dicha orden por un comando militar, que se extralimitó en sus atribuciones, derivó en un golpe de Estado). La Corte, que también pedirá un informe previo al Ministerio Público, ya se opuso en julio a su rehabilitación.
Cumplimiento complicado
El arreglo -cuyo cumplimiento será «complicado», dijo Thomas Shannon, subsecretario estadounidense para el Hemisferio Occidental- incluye la formación en una semana de un Gobierno de reconciliación nacional y una comisión de la verdad, el reconocimiento de las elecciones del 29 de noviembre y el rechazo a una amnistía política y a la convocatoria de una Asamblea Constituyente (pretensión ilegal de Zelaya que originó el conflicto).
Los asesores del derrocado presidente se muestran «optimistas, porque el Congreso entiende que lo correcto es la restitución». Pero, según fuentes parlamentarias, el Partido Nacional votaría en bloque (55 escaños) en contra de derogar el decreto de destitución, y se sumarían alrededor de 40 de los 62 diputados liberales, compañeros de filas de Zelaya y Micheletti. Así, unos 95 de los 128 legisladores impedirían revertir la actual situación.
El acuerdo no es el mejor para Zelaya -quien pretendía que la Cámara refrendase como mero trámite su retorno al poder-, pero satisface a la comunidad internacional: EE.UU., la OEA y la UE se han apresurado a respaldar los próximos comicios. España también se sumaba a la fiesta. En Bruselas, el presidente Zapatero aseguró que la diplomacia española trabajará «intensamente» para consolidar el acuerdo y que «la democracia y la estabilidad» retornen a Honduras.
Perdido en el laberinto de la embajada brasileña en Tegucigalpa, Zelaya menguaba apoyos día tras día. El «persuasivo» Shannon ha sido determinante para doblegar la voluntad del ex presidente.


