Jueves
, 29-10-09
LA rotunda victoria del modesto Alcorcón sobre el todopoderoso Real Madrid de los mal llamados «galácticos» trasciende, en mucho, al mero resultado deportivo y alcanza consideraciones de fenómeno sociológico. El triunfo del Alcorcón engrandece el deporte y encumbra el valor del esfuerzo colectivo por encima de las individualidades, por mucho que éstas acrediten sobradas condiciones técnicas. Lo ocurrido el martes es una metáfora del mérito del trabajo en equipo, de la dedicación y del sacrificio en grupo, condiciones indispensables para alcanzar el éxito en cualquier ámbito de la vida. Por el contrario, la calidad sin esfuerzo y entrega conduce al fracaso. Un conjunto de estrellas internacionales, con fama y dinero, dilapidó en 90 minutos las señas de identidad de un club forjado en el espíritu competitivo y el coraje, frustrando las ilusiones de millones de aficionados que han convertido en mitos a unos jugadores que no supieron estar a la altura de lo que representa el Real Madrid.
Lo ocurrido en Alcorcón es la versión deportiva de la fábula: es más grande el modesto que lucha por hacer realidad un sueño que el poderoso que dilapida sus virtudes y talento. El fútbol es un reflejo de la vida, y la contundencia de los hechos demuestra que el trabajo serio y el rigor profesional son condiciones determinantes para el triunfo. Las imágenes de un campo modesto y de un público tan entusiasta como incrédulo dejan en la opinión pública una impresión realmente sorprendente y merecen una reflexión sobre las claves psicológicas y sociales que explican la dimensión universal del deporte.
Alcorcón, una localidad al sur de la capital de España, es, en sí misma, el paradigma de una ciudad que ha sabido transformarse socialmente y proyectarse al futuro gracias al esfuerzo de sus gentes. Hoy es una población dinámica que presume con orgullo de un pasado de sacrificio y trabajo que se ha traducido en un ejemplarizante progreso. Su equipo de fútbol encarna los mismos valores y por eso Alcorcón exhibe ahora con orgullo el valor de su hazaña.
Pase lo que pase en el partido de vuelta en el Santiago Bernabéu, el sueño de un club modesto se hizo realidad el martes por la noche cuando derrotó con justicia al todopoderoso Madrid. Que el ejemplo de Alcorcón sirva al conjunto blanco de reflexión: el dinero no garantiza el triunfo.