
Naciones Unidas indicaba esta semana que, además de haber bajado tres posiciones en el Índice de Desarrollo Humano, Turquía ocupa el puesto 101 de 109 en cuanto a igualdad de género. Un informe del Foro Económico Mundial sobre el mismo asunto señala que Turquía está en el puesto 131 de 134, por delante tan sólo de Arabia Saudí, Benin, Pakistán, Chad y Yemen, y un puesto por detrás de Irán. Ambos índices no miden la situación general de la mujer, sino su acceso a puestos de responsabilidad.
«Estamos acostumbradas. Aparece un informe y automáticamente buscamos Turquía al final de la lista», comenta socarronamente Hülya Gülbahar, presidenta de la Asociación de Apoyo y Formación a las Mujeres Candidatas. «En general, en Turquía se hace política sin las mujeres, y hasta que esto no se resuelva las cifras no cambiarán», dice.
Bajo la bota de la fe
El informe anual sobre Libertad Religiosa en el Mundo, del Departamento de Estado de EE.UU., señala que, en Turquía, «se bloquean los ascensos en las instituciones públicas por razón de la fe», y se dificulta la «celebración de ceremonias, el registro de asociaciones y la formación religiosa». «Existe un acuerdo sobre un escenario de mayor libertad religiosa de cara al acceso a la UE, pero la voluntad política de llevarlo a cabo es escasa, y va muy despacio», comenta a ABC Hugh Pope, analista del International Crisis Group. «En Turquía es imposible construir una iglesia, pero los turcos están construyendo docenas de mezquitas en Europa. Lo que los turcos tienen en Europa, los europeos deberían tenerlo en Turquía, pero este país se siente inseguro, y piensa en términos de colonialismo del siglo XIX y actúa en consecuencia».
Pero la peor parte se la lleva la libertad de expresión. El informe anual de Reporteros Sin Fronteras indicaba que Turquía ha bajado 20 posiciones en el Índice de Libertad de Prensa. El martes, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos fallaba contra Turquía por el cierre temporal de cuatro periódicos, a los que se había acusado de hacer propaganda pro kurda. Para Ferai Tinç, presidenta del Instituto de Prensa Internacional, «en libertad de prensa, Turquía va por detrás de sus propias experiencias democráticas». Se ha prohibido YouTube -desde que en 2008 unos internautas griegos colgaran un vídeo mofándose de Atatürk, el fundador de la República- y encarcelado al periodista Haci Bogatekin. También ha habido una sanción multimillonaria al grupo mediático Dogan, muy crítico con el gobierno. La multa ha sido «injusta» y políticamente motivada, según el último Informe de Progreso de la UE. Como subraya Pope, «Turquía tiene mucho que hacer aún si quiere entrar en la UE».


