
Foto: G.D. OLMO
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Miércoles
, 28-10-09 a las 20
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A simple vista, parece un día cualquiera en la vida de Alcorcón. Un cielo tamizado por nubes altas envuelve la rutina de una ciudad que vive el pulso de las grandes urbes. Operarios trabajando, gentes apresuradas que hablan por el móvil. Nada diferente a la normalidad. Pero en cuanto uno habla con alguien, en cuanto se rompe el hielo y se inicia la conversación, afloran las sensaciones más extendidas,el orgullo y la felicidad, desde que ayer el equipo de fútbol de la localidad le diera un puñetazo en los morros a la historia y tumbara al todopoderoso Real Madrid de Florentino Pérez, el señor de los millones y también, parece, de las decepciones.
Donde mejor se percibe la anonadada alegría general es en los bares y en las tapias. En las tapias porque por doquier hay pintadas con el mensaje "aupa Alcorcón 4-0 demolición". En los bares, porque allí los parroquianos analizan una y otra vez la faena de anoche del Alcorcón. Como Amancio, que regenta un bar en plaza del Obradoiro y que, como muchos otros aquí, tiene el corazón dividido porque es madridista. Se debate entre la indignación por el lamentable papel de su equipo y la satisfacción por la honorable victoria de los humildes chicos de su ciudad. "Aquí vimos el partido y la mayoría éramos del Madrid, pero nos alegramos por la vergüenza torera de los chavales del Alcorcón". Amancio no duda en reconocer que "fueron cuatro, pero pudieron ser siete".
Amancio es un futbolero, pero hasta los lugareños a los que el deporte rey deja más indiferentes sienten que hoy es un día muy especial. Como Jonathan, un muchacho adolescente que interrumpe la ruidosa audición callejera de su mp4 para explicarnos que él no vio el partido, "estaba en un parque viendo otro partido", pero que cuando esta mañana bajó a la calle y se encontró su barrio repleto de pintadas celebrando la gesta local le gusto mucho. "Orgullo es la palabra", concluye.
Tampoco Jorge Segura, conserje en una finca y alcorconero de adopción se sustrae a la felicidad generalizada. "A mí el fútbol me da un poco igual, pero me alegro mucho. Vi el partido en un bar, donde muchos eran del Madrid, pero al final íbamos todos con el Alcorcón" Jorge dice que se alegra de todo lo bueno que le pase a Alcorcón, la ciudad madrileña, en la que él, andaluz de nacimiento, ha acabado encontrando su hogar.
"Lo del Madrid no lo arregla ni Franco"
En el bar de Amancio, donde sí concurren entendidos del balompié, se reconoce que normalmente al Alcorcón, al equipo de la ciudad, "se le hace poco caso". De hecho, aunque los parroquianos coinciden hoy en los comentarios elogiosos hacia los pupilos de Juan Antonio Anquela, un entrenador que ya tiene un hueco en la crónica negra de la historia del madridismo, el tema central de debate es el caído, el Real Madrid. Sebastián, un hombre ya de edad, pontifica: "Lo del Madrid no lo arregla ni Franco". Alguien le replica que "con Franco estamos muy bien". Es él mismo señor que paga su consumición y a quien Sebastián despide abrazando y llamándole "anarquista". Así está hoy Alcorcón, de gozoso cachondeo. También hay alguna incertidumbre. ¿Y si el Madrid remonta en el Bernabeu? "Cuatro goles son muy difíciles de levantar", zanja Amancio. Veremos




