Publicado Martes , 27-10-09 a las 15 : 30
Corremos el riesgo cierto de que la dura reconversión que sufre nuestro sector y la marea de cierres de diarios, que, desgraciadamente, no afecta sólo a los medios tradicionales, acabe por deshumanizarnos del todo. Si no hay peor mal que la fuerza de la costumbre, la cascada imparable de malas noticias podría conducirnos a interpretar con idéntica frialdad la salida de cien periodistas del Times, la conversión en digital del Science Christian Monitor o la drástica caída de ventas en el mercado anglosajón, por poner algunos ejemplos recientes de alcance global, y los cierres de nativos digitales españoles que han intentado abrirse camino en un panorama tan inapelablemente crudo.
Claro que detrás de noticias (¡qué ironía!) como éstas hay dramas personales, pero el ejercicio de simplificación sería tan dramático que cometeríamos el error de no resaltar como se merece el denodado esfuerzo de excelentes profesionales por hacer periodismo de otra manera, con innovación y originalidad, con la aspiración de buscar nuevas formas de contar; en definitiva, con la búsqueda permanente de informar a los lectores de web, los de hoy y los de mañana.
Por eso me resisto a hablar del fin de Soitu como un triste acontecimiento más en la profesión que tanto amamos. Como tampoco lo fue el punto final de ADN.es, que dejaba detrás un saber hacer que, al menos en parte, hemos logrado rescatar en nuestro proyecto de ABC.es. Es algo más, o algo menos. Con más de veinte años de periodismo a mis espaldas, sólo uno de ellos inmerso en el mundo digital, es el mejor momento de reconocer el extraordinario periodismo que, frente a lo que algunos «dinosaurios» (cada vez menos, por cierto) siguen manteniendo en redacciones tradicionales, se ha venido haciendo en diarios nativos digitales como Soitu.
Mediante una apuesta constante por descubrir nuevos géneros y formas de contar, que sin duda tendrán continuidad bajo algún paraguas, el digital que han pilotado Gumersindo y Borja nunca ha desistido de llevar la imaginación al poder, de recrear y reinventar modelos con los que rellenar ese creciente vacío de una profesión cada vez más carente de su empuje y de su ilusión. La misma con la que siempre me han acogido y me han arropado en su propia redacción.
Hace apenas unos días, Sindo, a mi pregunta sobre cómo iban las cosas por el acogedor bajo de la calle Cochabamba, me contestaba con cara de preocupación: «Estamos aguantando como podemos». Finalmente, el barco ha zozobrado, pero no el espíritu de seguir haciendo de esta profesión un reto diario apasionante.
A Sindo y su equipo les toca de momento pasar el trago. Así vivimos todos hoy, en paradójicos tiempos de deriva y de esperanza. Por eso, yo también soy ellos. Yo también soy él. Soy tú.

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