Los vendedores y receptadores de droga en el distrito de Centro se las ven y se las desean para poder «colocar» algo en el mercado. La labor que viene siguiendo el grupo de agentes de paisano de la Unidad Integral del Distrito Centro de la Policía Municipal da sus frutos día sí y día también. La ofensiva policial está eliminando del centro de Madrid tres factores esenciales del tráfico de droga que se da no sólo en ese distrito, sino en toda la Comunidad y otros puntos del país.
Por un lado, en la zona de Gran Vía es donde se realizan entregas por partes de los «boleros» de la droga que sirven de correo desde países, generalmente latinoamericanos, a España, vía Barajas. Es lo que ocurrió el pasado 14 de octubre, sobre las 21.30 horas, en la esquina de Gran Vía con Mesonero Romanos. La Policía Municipal identificó a un guatemalteco que portaba una mochila. El forro es demasiado grueso, y piensan en un primer momento que se trata de una bolsa preparada para el robo. Pero eran planchas muy compactas de droga envueltas en parafina, papel de aluminio y papel film.
También en la Gran Vía, 80, el día 16, un venezolano de 44 años quedó arrestado al comprobarse que en la caja de galletas que portaba lo que en realidad llevaba escondidas eran 92 bolas de cocaína envueltas en plástico, además de 300 euros.
En segundo lugar están los compradores que se surten no tanto para consumo propio, sino para revender la mercancía en locales de ocio que frecuentan o, incluso, en los que trabajan. Fue lo que ocurrió en la plaza del Carmen el día 7. Los policías paran a un ciudadano colombiano, que llevaba sustancias para el corte de cocaína (los conocidos como precursores de la droga), concretamente, 100 gramos de tetracaína y clorhidrato y 250 de cafeína anhídrida pura. A la pregunta de dónde se dirige, el sospechoso responde: «He quedado con un tío que no conozco para dárselo en la plaza del Carmen».
Para locales de ocio
Los agentes observan en ese lugar a un individuo muy corpulento, dentro de un coche y que, en actitud vigilante, habla por el móvil. Es la otra pieza que faltaba. Cuando se disponen a identificarle, el hombre, que resulta ser un portero de discoteca español, sale corriendo, pero fue «cazado». Entre los objetos que se le intervienen están las llaves de una furgoneta y una tarjeta de un «parking» cercano.
Cuando se inspecciona ese vehículo, se hallan 1,2 kilos de cocaína en una mochila. En el dispositivo también se cogen 200 euros en efectivo, 12 móviles y una placa con la que se hacía pasar por falso policía.
En una línea parecida se movían los seis detenidos el pasado día 21 por la Policía Nacional. Contaban con un local en la calle de las Minas, donde se vendía, y otro en la de la Madera, un piso de seguridad que era donde más droga salía para suministrar a intermediarios.
Luego, como tercer factor, se encuentran los vendedores que distribuyen a pie de calle a toxicómanos. El 5 de octubre, los agentes que patrullan Gran Vía y Callao, sospechan de un magrebí que se da a la fuga; pero no llega muy lejos: le encuentran 200 gramos de hachís en los genitales.
Más curioso es el caso del compatriota que guardaba pequeñas partidas de hachís en el buzón de su casa de Atocha. Le llamaban por teléfono y acudía a venderlo a Tirso de Molina, donde la Policía observó una transacción con 100 gramos el día 19 a una dominicana. También se han aprehendido 100 pastillas de éxtasis a un portugués; y un colombiano fue arrestado en la plaza de la Luna, rodeado de toxicómanos, con 20 micras de cocaína. En su casa escondía 150 gramos de cocaína base en obleas finísimas.


