Cuatro años se ha dado de plazo ING para segregar su actual negocio de seguros y para hacer una apuesta decidida y firme por las actividades puramente bancarias en Europa. El grupo holandés anunció ayer por sorpresa el acuerdo al que había llegado con la Comisión Europea para emprender esa operación, que además irá acompañada de una ampliación de capital por unos 7.500 millones, con el fin de liquidar la mitad de los 10.000 millones de ayudas estatales que recibió en octubre de 2008. El resto de las ayudas irán devolviéndolas según vayan vendiendo activos.
Entre las desinversiones que se realicen se encuentra el negocio de ING Direct en Estados Unidos. Además, incluirá la creación de una nueva compañía en el mercado minorista holandés que tendrá una cuota del 6% y que realizará las operaciones hipotecarias en Nationale-Netherlanden y en Westland Utrech. Pero la intención es también desprenderse de esta compañía.
Asimismo, el grupo holandés ha prometido la devolución al Estado de los fondos recibidos como parte del programa de garantía de activos, los cuales estaban valorados en unos 1.300 millones.
No obstante, el plan anunciado ayer tiene que recibir el visto bueno de su junta general de accionistas el próximo 25 de noviembre. El anuncio no fue bien acogido por la Bolsa, ya que ayer cayó la cotización del banco en un 18%.
El consejero delegado del grupo, Jan Hommen, manifestó que el anuncio realizado ayer incluye una serie de acciones lógicas destinadas a resolver la incertidumbre creada por la crisis financiera y a crear «una nueva era para ING». Añadió que durante seis meses, la entidad holandesa ha estado negociando con la Comisión Europea y con el Gobierno holandés para encontrar la fórmula más idónea para devolver las ayudas estatales recibidas.
La entidad holandesa prevé ganar unos 750 millones de euros en este tercer trimestre, lo cual contrasta con la pérdida de 568 millones obtenida en el mismo periodo del ejercicio pasado.


