
Martes, 27-10-09
Sus fotografías suponen un testimonio histórico de indudable valor. Instantáneas que cuentan cómo eran las ciudades andaluzas, y sus gentes, allá a finales del siglo XIX y principios del XX. Un recorrido por unas calles que a ojos del espectador de hoy parecen de otro lugar, alguien podría decir que de otro mundo. Un auténtico viaje a través del tiempo.
Y es que han pasado muchos años desde que el genial fotógrafo granadino Rafael Señán tuviera la idea de emplear sus imágenes como reclamo turístico. Como tantos otros hitos artísticos, la decisión vino empujada por la urgencia de una grave crisis en su oficio. Él respondió con una serie de servicios inéditos al cliente, entre ellos las populares postales, que hizo que la fotografía se extendiera a los posibilidades de todos los bolsillos.
La Fundación Cajasur rescata ahora el legado de Señán con una exposición en el Palacio de Viana. Casi dos centenares de imágenes de Córdoba, Cádiz, Granada, Málaga, Sevilla, Ronda y la localidad norteafricana de Tánger. Gran parte de la muestra procede del fondo de placas originales de Señán, que alberga unos 1.400 negativos, y que en la actualidad pertenece al Archivo Histórico Fotográfico de la entidad de ahorros.
Las imágenes seleccionadas por la muestra, coordinada por Antonio Jesús González y abierta al público hasta el 18 de diciembre, conforman un retrato fidedigno de la Andalucía de entre siglos. El visitante podrá ver, por ejemplo, el aspecto de la Corredera en torno al año 1900, cuando en el centro de la plaza se levantaba el antiguo mercado; o una remota Puerta del Puente, con los vecinos apostados en sus columnas y la tienda de «Vinos y aguardientes» al fondo.
Porque la exposición no se limita a mostrar los monumentos de la ciudad, sino que también refleja la vida cotidiana de los cordobeses de hace un siglo, cuando era costumbre (lo era no hace demasiado tiempo) bañarse en el Guadalquivir, pasearse en carruaje por el bulevar del Gran Capitán o llenar los cántaros de agua en la Fuente del Olivo del Patio de los Naranjos.
Respecto a los criterios de selección seguidos para determinar que fotografías, de la gran producción de Señán, formaban parte finalmente de la exposición, González detalló que «se tuvo en cuenta la calidad visual de las imágenes, a la vez que se buscó que fueran representativas, en la medida de lo posible, de las localidades representadas».
Evolución de la fotografía
La muestra incorpora también cámaras y diversos objetos del estudio del autor, que dan una idea de la evolución de la fotografía por aquellos años. Destaca el visor estereoscópico, con el que se apreciaba el efecto tridimensional en la imagen conseguido mediante la utilización de dos objetivos.
Durante la presentación de la muestra, su comisario calificó a Señán como «un adelantado a su tiempo, que rompió moldes en la fotografía, al crear el estudio turístico». En él ofrecía todo tipo de souvenirs de los principales monumentales andaluces, así como el genuino retrato árabe, en donde los turistas se disfrazaban ante la cámara. En la exposición se pueden ver los ropajes y el camastro en el que se tumbaban como el mismísimo califa.


