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Ha dicho que tienen que cambiar muchas cosas y el nuevo entrenador predicó con el ejemplo desde el primer día. Quique Sánchez Flores permitió que una representación del Frente Atlético dialogara con la plantilla en su primera sesión de entrenamiento. Era una medida inteligente. Del técnico y de los futbolistas. La entidad necesita la ayuda de los seguidores en un momento crítico para su futuro.

El grupo radical no animó en el primer periodo del fiasco ante el Mallorca, por su oposición a los directivos de la entidad. Ayer, cincuenta miembros del Frente solicitaron hablar con los jugadores en el estadio Calderón y fueron recibidos por el capitán, Antonio López, y otros integrantes del plantel.
Los ultras les explicaron que no estaban de acuerdo con la gestión del club, para advertir que ofrecerán todo su apoyo al equipo para sacarle de la situación. Pidieron a los profesionales que se entreguen al máximo. Los hombres de Quique expresaron su compromiso de darlo todo en cada partido.
Recuperar la autoestima
Era un primer toque de la revolución, psicológica y deportiva, que requiere la entidad. El nuevo preparador comenzó a trabajar en la casa con una charla cara a cara con la plantilla. Su primera misión es recuperar la moral de sus hombres. Alimentar su autoestima. Decirles que poseen la misma calidad que durante dos años les ha colocado en la Liga de Campeones.
Acto seguido dirigió una extensa sesión de dos horas de duración. Mientras los titulares que se enfrentaron al Mallorca realizaron un suave ejercicio, sus compañeros escucharon en el césped los primeros detalles tácticos que el madrileño piensa aplicar en el despliegue de conjunto. Su estrategia se basa en la disciplina defensiva, el capítulo más débil de este Atlético. Ha sufrido dieciocho goles en diez jornadas.
Trae a su equipo
El otro factor clave es el estado de forma. Quique ha prescindido de los ayudantes de Abel -Santi, Sabas y Bastón, preparador de porteros- y viene con sus colaboradores: Fran Escribá, su mano derecha, y Emilio Álvarez como encargado de los guardametas. Quiere mejorar la parcela física con mimbres de su confianza que saben lo que pretende en sus planificaciones de progresión. Su meta es que el fútbol del equipo tenga más velocidad.
Responsable de una escuadra tocada y casi hundida, el sustituto de Abel llega con las manos más libres que nunca para tomar cualquier decisión, deportiva o sancionadora. El fracaso general no permite ninguna concesión, ni siquiera con las estrellas. Ha dejado claro que su disciplina interna es recta. La falta de actitud se paga cara con él. Getafe conoce bien esa dureza. La repetición de los retrasos en la asistencia a los entrenamientos denotan una carencia de profesionalidad que no acepta. Mañana afrontará su primer envite, en Marbella. El duelo copero debe significar el primer salto para salir del pozo. Sánchez Flores no puede permitir más decepciones. El aspecto moral es fundamental para resurgir.
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