Valoración:
Lunes, 26-10-09
Mensaje directo del Barcelona a sus supuestos competidores, Madrid y Sevilla: «A la que se os vayan los brazos al suelo, ahí vamos a estar nosotros para daros con el mazo en la cabeza y dejar listo el campeonato». Dicho y eso, empató el Madrid, empató el Sevilla, y el Barcelona salió con el turbo del Apolo XXV si existiera.
Una tormenta cegadora se echó encima del Zaragoza del que se veía, sin ningún género de duda, que no iba a poder salir. En apenas diez minutos el Barcelona había hecho una ocasión por minuto. Entradas por aquí y por allá, por la derecha de Messi, por la izquierda de Iniesta, dejadas letales de Ibrahimovic y continuas llegadas de la segunda línea donde Keita aparecía como un huracán.
Ni con toda su gente replegada, achicando balones como agua en el Titanic, se veía salida para el Zaragoza, que se encomendaba a Carrizo para mantenerse en pie. Tarea, no sólo ardua, sino imposible. Aquello no podía durar. Cuando un equipo achucha y llega tanto, resulta evidente que el que defiende acabará cometiendo un error, dejando una mínima brecha por la que se colará primero una bala y luego un fuego cruzado para tumbar al mayor de los numantinos.
Goles de todo tipo
Duró más de lo que parecía el Zaragoza en su parapeto, pero en el 24 se acabó lo que se daba. Córner corto en el que Jorge López, un jugador demasiado exquisito como para mantener en su cabeza el pico y la pala, dejó medio metro de margen a Messi. Éste se revolvió con la mirada llena de sangre -esa mirada que le ha dejado el desagradecido de Maradona con sus desgraciados comentarios-, y puso un balón que era un puñal en medio del corazón maño. Por ahí entró Keita con una escopeta de cañones recortados y metió el cabezazo a la escuadra, un remate sin remedio.
Y luego el diluvio. Si el Zaragoza había conseguido cinco o diez minutos de respiro en los que al menos pasó de su campo para acercarse a Valdés, desde ese momento ya no lo hizo. Se metió en el rincón, los puños altos y los codos en los flancos, esperando que la paliza no fuese brutal.
Con problemas para entrar ante tal cerrazón, el Barça recurrió a munición de larga distancia. El «Gitano» Ibrahimovic se perfiló para un golpe franco y metió un disparo seco, violentísimo, que dobló las manos de Carrizo. Luego, otra vez Keita entró al centro desde el otro costado y firmó la defunción de un rival sin opción alguna.
La segunda parte fue una exhibición. Allá donde se miraba estaba el Barcelona en el área rival. Al Zaragoza le cayó otro gol y luego los de Pep replegaron velas para que el Zaragoza hiciese el del honor. Después, Messi y Keita redondearon el aviso a navegantes.
Valoración:

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...
Mundial Sudáfrica 2010
Facebook ABC.es
ABC.es on Facebook