
El ciudadano y el erario alemán se verán liberados de cargas por un valor total de 24.000 millones de euros, si prospera el plan de incentivar el crecimiento por la desgravación aprobado por el nuevo gobierno de democristianos y liberales.
«La carga familiar debe reducirse, la carga sobre empresas y herencias debe reformarse», dijo Merkel al presentar ayer el acuerdo de coalición. El nuevo gobierno se ufana de «mantener su palabra y no aumentar impuestos ni el gasto público» y la coalición CDU/CSU y FDP reafirma, contra el recurso al gasto público, que el crecimiento de la economía y el empleo serían el camino adecuado para hacer frente a la peor crisis en más de medio siglo.
La renuncia a ingresos del Estado será gradual, desde 2011 a 2013, y, pese al endeudamiento sin precedentes, se señala la necesidad del crecimiento como «única forma de afrontar el reto de la consolidación presupuestaria».
Empezando en 2010, la ayuda familiar aumentará de 164 a 200 euros mensuales por niño y la cantidad desgravable por hijo de 6.024 a 7.004 euros por año; el coste para el Estado será de 8.500 millones, mientras la desgravación de sociedades y herencia costará 2.500 millones.
El Estado tendrá también su papel protector en la crisis para el emprendedor, y no sólo para los bancos, y déficits coyunturales de la Oficina Nacional de Empleo y de las mutuas de salud serán absorbidos por la Administración.
Negociación ardua
Democristianos y liberales aligerarán el sistema fiscal, eliminando la carga de la progresión fría (que grava subidas salariales), incrementarán las partidas educativas y mantendrán una combinación de fuentes de energía, que mantendrá la vigencia nuclear, pero en la que predominen las renovables. Asimismo reducirán un tercio el servicio militar obligatorio, que quedaría en seis meses, y reformarán la sanidad para fomentar la competitividad entre las 180 mutuas del sistema estatal.
Los pasados 19 días de negociaciones atestiguan que entre democristianos y liberales hay serias diferencias políticas y personales. La canciller reconoció que «no han sido negociaciones fáciles. Pero han dejado claras la seriedad y la valentía con las que nos tomamos nuestro trabajo». A su turno, Westerwelle calificó el programa como una «brújula de libertad» para salir de la crisis y estimó que combina «solidez presupuestaria, sensatez económica y justicia social».
El gabinete versión Merkel «segunda edición» está compuesto por cinco mujeres y once varones, ocho en total de la CDU (Hacienda, Interior, Educación, Familia, Trabajo, Medio Ambiente y Cancillería, además del jefe de Gabinete y la propia Merkel), tres de su filial bávara CSU (Defensa, Transportes y Agricultura) y cinco del FDP (Exteriores, Economía, Sanidad, Desarrollo y Justicia).
A destacar, Wolfgang Schäuble pasa de Interior a Hacienda y lo sustituye De Maizi_re; el líder liberal, Guido Westerwelle, asumirá la vicecancillería y Exteriores; el secretario general de la CDU, Ronald Pofalla (50), será jefe de la cancillería; Karl-Theodor zu Guttenberg (37) pasa de Economía a Defensa; lo sustituye el liberal Rainer Brüderle; la también liberal Sabine Leutheusser-Schnarrenberger dirigirá Justicia; el secretario general del FDP, Dirk Niebel, se encargará de Cooperación y Desarrollo.
Críticas desde la izquierda
El comentarista Eckart Lohse es escéptico ante el papel reinante de Merkel y, alegando que no se puede estar un poco embarazado, recuerda que tampoco se puede «gobernar bien a medias». Más crítica es la oposición socialdemócrata que no parece dispuesta a períodos de gracia: «CDU y FDP han realizado un grandioso arranque fallido». «Mientras se celebran desgravaciones, se encubren cargas para el ciudadano», dice su líder Frank Walter Steinmeier al «Bild».
Los Verdes hablan de «retroceso», su presidente de un gabinete «de retales y repuestos» y acusa a Merkel de un confuso «estilo presidencial». Tampoco en la CDU están felices cuantos ven a Merkel disponerse de nuevo a «reinar» sobre varios partidos.



