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Las autoridades de Estados Unidos lanzaron ayer una ofensiva frontal contra las retribuciones tan millonarias como injustificadas de altos ejecutivos. El Departamento del Tesoro ha ordenado a las siete empresas y bancos que todavía no han devuelto las ayudas públicas de rescate facilitadas el año pasado que a partir del mes que viene cercenen los salarios de sus responsables.
Bajo el argumento de que resulta injustificable que el dinero de los contribuyentes sirva para premiar a los responsables de grandes empresas en apuros, los recortes se aplicarán a los 25 ejecutivos con mayores ingresos de Bank of America, American International Group (AIG), Citigroup, General Motors, GMAC, Chrysler y Chrysler Financial. Con paquetes de retribuciones mermados en algunos casos hasta un 90 por ciento.
Desde la Casa Blanca, Barack Obama ha dado la bienvenida a esta decisión. Solicitando también al Congreso federal la aprobación de nuevas regulaciones que permiten a los accionistas de empresas privadas participar en las decisiones sobre los salarios de directivos. Según el presidente, «ofende a nuestros valores cuando los ejecutivos de grandes compañías financieras en apuros se pagan a sí mismos grandes bonos incluso teniendo que recurrir a extraordinarias ayudas para mantenerse a flote».
También ayer, la Reserva Federal ha publicado un nuevo plna de acción para empezar por primera vez a vigilar las políticas salariales de entidades bancarias, con el fin de vetar aquellas compensaciones que estimulen riesgos excesivos como los que han contribuido a la actual gran crisis de Wall Street. La intervención de la «Fed» se extenderá a los 6.000 bancos de Estados Unidos bajo su jurisdicción, con independencia de que hayan necesitado de fondos públicos. El plan empezará a aplicarse este año por las 28 entidades con mayor volumen de negocio.
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