Miércoles, 21-10-09
Un banco holandés, comercial, pequeño aunque bien conocido, se ha ido a la quiebra, tras pasar por todos los estadios previos, incluida la intervención del Banco Central holandés. Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. La quiebra tiene el valor de la advertencia, más aun en un sector que por su propia importancia parece estar a salvo de contingencias. La certidumbre de que al borde del abismo hay abismo ayuda a evitarlo.
Algunas cajas de ahorros españolas, curiosa especie nacional que fuera comprenden mal, juegan en el abismo, como si no hubiere. Algunos de sus interesados (interés propio y egoísta) apuran hasta el límite para cerrar operaciones de salvación calculando que pueden imponer condiciones, incluso al que viene con dinero. Quizá conviniera que alguno de estos tahúres del último segundo se vaya al abismo con todas las consecuencias. Lamentable para los que arrastra, pero conveniente para que no se impongan malas prácticas, abusos.
La consolidación de cajas, que ahora cursa por necesidad más que por virtud, induce situaciones límite. Como es un proceso costoso, que requiere abundantes fondos públicos, debe ser un proceso transparente. No es fácil que salga bien, existen demasiados intereses de parte en juego y no pocos irresponsables que por lograr sus objetivos están dispuestos a todo. Junto a procesos profesionales de consolidación que ya están avanzados, hay algún otro que apesta, que acumula peripecias vergonzosas de buscadores de poder.
Antes de comprometer un solo euro público deben quedar claros los compromisos y las responsabilidades, plazos y objetivos. Los rayos de sol desinfectan, la transparencia es imprescindible para que el público continúe confiando en algo que hasta ahora funcionó bien, pero que de tanto estirar puede romperse.

