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Los profesores de un Instituto de Alicante pagan de su bolsillo, con aportaciones voluntarias de cinco euros al mes, el desayuno o incluso el recibo de la luz a los alumnos de familias con dificultades. «No somos una ONG ni hacemos caridad», afirma su directora
La mejor lección de los profesores
La crisis económica ha llevado a los profesores del Instituto de Secundaria Virgen del Remedio de Alicante a organizar su propia colecta, la «hucha solidaria», para pagar el desayuno, las actividades extraescolares o incluso el recibo de la luz a los alumnos de familias con dificultades económicas.
La directora del centro, Sofía Morales, reconoce que no se trata de un gesto habitual, aunque confiesa sentirse desbordada al descubrir que, de pronto, la iniciativa ha despertado el interés de medios de comunicación y televisiones de toda España.
«No somos una ONG ni hacemos caridad. No pretendemos suplir la labor de los servicios sociales ni aceptamos donaciones de terceros. Se trata de ayudar puntualmente a los alumnos que lo necesitan para que tengan las mismas oportunidades que el resto, pero preferimos que nos conozcan por la calidad de nuestro proyecto educativo», afirma un poco incómoda.
La idea surgió a mediados del curso pasado, cuando los docentes detectaron que algunos alumnos no rendían en clase porque, en muchos casos, no tenían cubiertas sus necesidades básicas en casa.
Oleadas de inmigrantes
Entonces se plantearon crear la «hucha solidaria»: los profesores que así lo desean realizan cada mes una aportación voluntaria de cinco euros y los fondos recaudados sirven para invitar a un bocadillo, cada mañana, a los alumnos que no pueden desayunar en casa. En la actualidad, más de la mitad del claustro se ha sumado a esta iniciativa.
Aunque no se trata de dar «barra libre». Cuando los docentes intuyen que uno de los alumnos puede estar sufriendo carencias básicas, el centro recurre a un mediador socioeducativo, que se encarga de visitar a su familia para conocer su situación personal.
Situado a las afueras de Alicante, el barrio de Virgen del Remedio creció en los años 60 y 70 como consecuencia de la inmigración de familias obreras procedentes, sobre todo, de regiones como Andalucía y Castilla-La Mancha.
Pero durante la última década esta población ha sido sustituida progresivamente por inmigrantes extranjeros llegados desde el norte de África, Suramérica y los países del Este, que han encontrado trabajo en la provincia gracias al «boom» de la construcción. El IES Virgen del Remedio cuenta hoy con 900 alumnos, de los cuales la cuarta parte son extranjeros: proceden de 32 países distintos y hablan 13 lenguas.
Los padres, en el paro
Algo que ha exigido un importante esfuerzo de la plantilla de profesores y la puesta en marcha de varios programas de diversidad educativa para fomentar la convivencia entre los alumnos.
Pero Sofía Morales advierte que la mayoría de los beneficiarios de la «hucha solidaria», una veintena a lo largo del curso, no proceden de este colectivo, sino que son alumnos de familias españolas que se han visto especialmente afectadas por la crisis, que en la provincia de Alicante se ha cebado en la construcción, pero también en industrias tradicionales como el calzado y el textil.
Microcréditos de 80 euros
«Se trata de adolescentes cuyos padres se han quedado sin trabajo en los últimos meses y se han visto en dificultades para pagar la hipoteca, el alquiler o el recibo de la luz», explica la directora del centro.
La «hucha solidaria» creada por el claustro de profesores también ha servido para cubrir estas carencias. Además de pagar el desayuno diario a una veintena de ellos, los fondos recaudados han permitido conceder «microcréditos» a tres alumnos para que su familia pueda capear estos apuros y evitar que les corten la luz en casa. «Se trata de cantidades testimoniales, de unos 80 euros», explica la directora del centro, «que después el alumno devuelve pagando dos euros al mes, y ninguno ha dejado de hacerlo».
Sofía Morales destaca que el Instituto no pretende ni puede suplir a los servicios sociales, que «funcionan muy bien, pero están completamente desbordados por la crisis. Si normalmente deberían actuar en dos días, ahora a veces tardan dos meses en hacerlo, y algunas familias no pueden esperar tanto».
Por eso se sorprende de que la iniciativa puesta en marcha por los profesores hayan despertado una atención inusitada: en apenas unas horas, el centro ha comenzado a recibir llamadas de empresas y particulares que quieren efectuar donaciones a los alumnos. Algo a lo que la dirección del centro se ha negado rotundamente.
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