
«Nicolas Sarkozy prometió colgarme de un gancho de carnicero. Ha cumplido su promesa». Ésta es la primera reacción de Dominique de Villepin, ex primer ministro y ex titular de Interior y de Exteriores, a la demanda del fiscal del Estado: 18 meses de cárcel con remisión de pena y una multa de 45.000 euros por su complicidad en un proceso de denuncias calumniosas y manipulación de documentos bancarios con los que, en 2004, se pretendió destruir la carrera política de Sarkozy.
Con esa demanda, el caso «Clearstream» confirma espectacularmente su condición de escándalo de Estado, a la espera de que el Tribunal dicte su sentencia final, dentro de unas semanas.
Jean-Claude Marin, fiscal del Estado, llevó a cabo una acusación excepcional, de seis horas de duración, contra Villepin y sus cómplices, Jean-Louis Gergorin, ex vicepresidente de EADS (primer constructor europeos de aviones militares), e Imad Lahoud, ingeniero informático al servicio de Gergorin. Marin relató minuciosamente un largo rosario de delitos, manipulaciones, mentiras, intoxicaciones y cartas firmadas por un misterioso «cuervo» (JL Gergorin) intentando engañar a varios jueces.
A juicio del fiscal del Estado, Villepin, fue cómplice y «hombre orquesta» que «encargó e instigó el fraude crapuloso», destinado a destruir la carrera profesional de su rival político.
A partir de tal convicción íntima, la demanda del fiscal es relativamente «clemente»: 18 meses de cárcel con remisión de pena para Villepin, más 45.000 euros de multa; 3 años de cárcel con 18 meses de remisión de pena para Gergorin, más 45.000 euros de multa; y 2 años de cárcel con 18 meses de remisión de pena, más 45.000 euros de multa para Iman Lahoud.
Villepin, aspirante a la presidencia de la República desde que Jacques Chirac lo nombró su «delfín» político, intentando eliminar a Sarkozy, no irá a la cárcel. Pero quedará la mancha de la culpabilidad en un tortuoso escándalo, en el que se utilizaron los resortes más oscuros del Estado para combatir a un rival íntimo.
El Tribunal de París se tomará unas semanas antes de dictar sentencia. Sin duda, Villepin y el resto de los condenados podrán recurrir, iniciando una compleja batalla jurídica. Pero la mera demanda del fiscal ya funciona como metralla política envenenada.
Campaña de difamación
Villepin abrió el juicio con una sentencia grandilocuente: «Estoy aquí por voluntad del presidente de la República». Cuatro años de instrucción y cuatro semanas de proceso han culminado de manera catastrófica para él, considerado como culpable de orquestar una campaña de difamación. Insensible a la humildad, siquiera ficticia, Villepin cierra el proceso en términos que bien reflejan la naturaleza del odio entre dos hombres: «Nicolas Sarkozy prometió colgarme de un garfio de carnicero. Ha cumplido su promesa».
En verdad, la frase exacta que se atribuye a Sarkozy es ligeramente más larga: «No cejaré hasta colgar en un garfio de carnicero al hombre que destruyó mi matrimonio». Sarkozy sospechaba que fue Villepin quien hizo llegar a su ex esposa Cecilia Ciganer Albéniz, documentos sobre presuntas o reales infidelidades.Villepin seguirá siendo un enemigo temible.


