Lunes, 19-10-09
Parece que nos encaminamos sin remedio hacia Utopía, el mundo feliz que narró Aldous Huxley, tan pronto se asienten los anunciados brotes verdes de aquí a veinte años. A saber cómo estará Madrid para entonces y si se habrá dado por concluida la ciudad, aunque tras las sucesivas etapas faraónicas de Gallardón no habrá alcalde que se resista a una cata, un traslado de monumento, una red de zanjas, una tala agresiva, una tuneladora y su correspondiente subida de impuestos por el bien de la ciudadanía. Lo que sí sabremos es que será un Madrid vigilado como nunca imaginaron ni Huxley ni Orwell ni Bradbury. En cuanto al lavado de cerebro que preconizaba Huxley a los neonatos, lo vivimos a diario apenas abrimos a diario los ojos y aguzamos el oído a los mensajes, eslóganes, sugerencias, consejos y recomendaciones cuando no a las órdenes directamente. Dice el último barómetro del CIS que el 70 por ciento de la población ciudadana española es favorable a las cámaras de videovigilancia en los lugares públicos, especialmente en bancos, comercios, hospitales, guarderías y colegios, aunque se muestran menos partidarios en lugares de ocio y restaurantes. O sea, que en general están por la labor y sólo un diez por ciento se muestra radicalmente contrario a la dictadura de las cámaras de vigilancia. A ese 10 por ciento deben de pertenecer los lúdicos activistas de Lavapiés dispuestos a empapelar el barrio con carteles contrarios a las 48 cámaras ya instaladas y que en un par de meses comenzarán a grabar en una especie de «Show de Truman» pero fuera del celuloide. Muchos barruntan que las protestas serán de corto recorrido a tenor del mentado barómetro del CIS: en una balanza cuyo brazo de más libertad (y menos seguridad) fuera de uno a cinco y el de menos libertad (y más seguridad), de cinco a diez, los ciudadanos españoles se decantan por el seis. O sea, la seguridad.
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