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El dilema de José Bono
El presidente del Congreso, ayer en la Catedral de Toledo / EFE
Actualizado Lunes, 19-10-09 a las 14:43
Católico declarado, José Bono, presidente del Congreso, se encuentra entre la espada y la pared. Como le ocurrió a Celia Villalobos, la diputada popular que rompió la disciplina de partido para no votar en contra de la Ley de Matrimonio Homosexual, la orientación del voto del presidente del Congreso de los Diputados cuando se debata el próximo mes de noviembre el anteproyecto de la reforma de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.

El presidente del Congreso, quien ya había manifestado su confianza en que el trámite parlamentario depure algunos aspectos de la ley reformada desde el Ministerio de Igualdad y de Sanidad, manifestó ayer a la salida de una beatificación en la Catedral de Toledo que espera que la ley obtenga el mayor consenso político posible. Sin embargo, no va a ser así, cuando el PP va a presentar en breve una petición formal de retirada de la ley, habida cuenta del clamor en contra del anteproyecto voceado el sábado en Madrid con una manifestación multitudinaria convocada por colectivos provida.

Bono no lo tiene claro y expresa también su deseo de que esta reforma estirpe la «raíz ideológica» que se quiere impregnar al debate del aborto. Pero esa concepción ideológica está ahí, prueba de ello es el conflicto abierto entre los dos principales partidos a cuenta de una ley que propugna el aborto libre hasta las 14 semanas y que las adolescentes de 16 años puedan interrumpir su gestación sin consentimiento paterno. Este último aspecto es el que el propio Bono consideró más «chocante», poniendo en entredicho la ley del Gobierno socialista.

No estaba el presidente del Congreso tan por la labor de desvirtuar la concepción ideológica de éste y otros debates cuando el pasado día 11 pronunció la conferencia inaugural del Congreso de la Liga Internacional de Socialistas Religiosos, celebrado en Córdoba. Allí, Bono abogó por insuflar más dosis de cristianismo -en un país mayoritariamente católico, como España- en aras de renovar el ideario del PSOE. «Incorporar los valores cristianos sería un buen camino para conseguir la necesaria renovación en el socialismo», dijo entonces. En esa ocasión, también, el presidente de la Cámara Baja no se atrevió a opinar sobre si su partido debe seguir a rajatabla esos valores para debatir acerca de la nueva Ley del Aborto, pero volvió a sacar a relucir el dilema en el que se encuentra: «Muchas personas de buena fe del ámbito del partido nos vemos tentados a veces al silencio porque cualquier discrepancia será magnificada y exhibida como muestra de división y de falta de lealtad al partido». Y añadió: «Hay que desterrar la idea predominante en el pensamiento de izquierdas de que cualquier progreso concebible desde la política debe discurrir al margen de la religión».

La reforma levanta ampollas en el PSOESe puede entrever, en esas recientes declaraciones, hacia dónde se inclinará Bono en el debate parlamentario. Pero su voz no es la única discordante con el discurso del PSOE en este tema tan espinoso. Algunos se han quedado en la crítica de que no se debía haber seguido con esta reforma, máxime porque no estaba incluida en el programa electoral con el que concurrieron los socialistas a los comicios generales de 2008. Lo consideran casi una traición a sus electores.
Otros, como el ex «barón» extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra -que dio bombo a una idea generalizada en las filas socialistas de por qué «si las menores pueden abortar, no pueden votar»-, como su sucesor en el cargo, Guillermo Fernández Vara, o el actual presidente castellano-manchego, José María Barreda, no han ocultado en ningún momento el descontento hacia la reforma de la Ley del Aborto. Barreda afirmó que «sin el consentimiento de los padres, no le parece bien» el anteproyecto.
El ministro de Educación, Ángel Gabilondo, confesó que no había «unanimidad» sobre la posibilidad de que las jóvenes de 16 y 17 años aborten sin permiso de sus padres. El eurodiputado Ramón Jáuregui pidió públicamente que los padres supiesen de las intenciones de sus hijas y discrepó sin fisuras de lo que estaba haciendo su partido en este ámbito.

Más desconcertantes han sido las manifestaciones de Blanco, que el pasado mes de mayo admitía que a él no le gustaría que su hija «estuviera en las circunstancias de tener que interrumpir el embarazo y no lo consultara» con su padre. Un mes después, dijo que como creyente católico que es, no está a favor de que se aborte, pero lo que sí defiende es que «la mujer tenga capacidad para decidir sobre su embarazo y su vida». Sin entrar a debatir el fondo de la ley, el ministro de Fomento ha repelido este fin de semana la marcha contra el aborto y la participación en ésta de buena parte de la plana del PP acusándoles de «hipócritas» por no haber reformado la ley durante los ocho años del Gobierno de Aznar bajo el prisma popular.

Por si fuesen pocas las críticas internas a la forma en la que se ha desarrollado la ley, una nueva corriente dentro del PSOE -los Cristianos Socialistas- ha publicado un manifiesto alternativo sobre la Ley del Aborto. Uno de los tres miembros de esta corriente firmantes del documento, Jordi López Camps, ha detallado a la agencia Servimedia que las ideas divergentes de su grupo respecto a la corriente oficial dentro del partido son la consideración del embrión como un ser humano en desarrollo que también hay que proteger, la recomendación de que los padres acompañen a la menor a abortar y el respeto de la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios.
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