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Atentado en Irán contra la cúpula de la poderosa Guardia Revolucionaria
Miembros de la Guardia Revolucionaria desfilando el pasado septiembre en Teherán, en el 28º aniversario de la guerra con Irak | AFP
Un atentado suicida acabó con la vida de al menos 35 personas e hirió a otras 28 en la región de Pishin, provincia de Sistán Baluchistán, en el sureste de Irán y en plena frontera con Pakistán. Yundulá, el Ejército de Dios, grupo radical suní, reivindicó este ataque dirigido contra altos mandos de la Guardia Revolucionaria que asistían a una reunión con líderes tribales suníes y chiíes de la zona.
Al menos seis altos oficiales de este cuerpo paramilitar, que en la actualidad ostenta el auténtico poder en el país, perdieron la vida, entre ellos el vice comandante de la Guardia, el general Nur Ali Shushtari, y el jefe de la delegación provincial, Rajab Ali Mohammadsadeh, según informaron los medios iraníes.
«Obama se quema la mano»
«Consideramos el atentado terrorista resultado de la acción de Estados Unidos en la región. Es una señal de las intenciones americanas hacia nuestro país», declaró el portavoz del Parlamento y ex negociador nuclear, Alí Lariyani, que advirtió al presidente Barack Obama: «Dijo que extendería su mano a Irán, pero con esta acción se la ha quemado», según la agencia Fars.
La televisión pública iraní, por su parte, ahondó en la teoría de la injerencia extranjera y citando a «fuentes bien informadas» acusó al Reino Unido de estar envuelto en el atentado. Como ocurre en las protestas que se producen en el país desde la victoria de Mahmud Ahmadineyad en las pasadas elecciones, Teherán mira a Occidente a la hora de buscar culpables. Tanto Washington como Londres condenaron a las pocas horas lo ocurrido y negaron cualquier implicación. La Guardia Revolucionaria emitió un comunicado en el que calificó la acción de «horrible acto contra la humanidad», y sus mandos aseguraron que no tardarán en detener a los culpables.
Este tipo de acciones no eran habituales en la república islámica, pero se trata del segundo atentado suicida en los últimos cinco meses, y el más sangriento en los últimos años. El pasado mayo, una bomba mató a 19 personas e hirió a otras sesenta en una mezquita de Zahedán, capital del Baluchistán iraní. Apenas 72 horas después, tres hombres eran ahorcados por su pertenencia a Yundulá y su vinculación con el ataque.
El Ejército de Dios, también conocido como el Movimiento de Resistencia de Irán, está dirigido por Abdelmalik Rigi y tiene sus bases en suelo paquistaní, desde donde cruzan la frontera para lanzar ataques contra las fuerzas del orden iraníes. En su ideario reclaman la independencia de Baluchistán, una provincia que linda con las zonas donde Al Qaida tiene fuerte presencia en Afganistán y Pakistán y que es una de las rutas principales de la salida del opio afgano hacia Occidente.
Además de los ataques suicidas, en los últimos años también han secuestrado a agentes del orden y atacado convoyes a lo largo de toda la frontera. El régimen de los ayatolás acusa abiertamente a Estados Unidos y Gran Bretaña de financiar a grupos que siembran la inestabilidad en estas zonas fronterizas. Las fuerzas de seguridad iraníes se enfrentan al PJAK (Partido de la Vida Libre del Kurdistán y facción iraní del conocido Partido de los Trabajadores, PKK), a Yundulá, y a grupos árabes en Ahwaz. Todas ellas facciones suníes en un país donde el 93% de la población es chií. Su lucha se mantiene hasta hoy en la frontera, pero siempre amenazan con llevar a cabo acciones en todo el territorio y golpear en la capital.
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