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China-Rusia: energía a cambio de préstamos
El primer ministro Putin saluda a su homólogi chino, Wen Jiabao, la semana pasada / EFE
Un «dragón» sediento
China está sedienta de energía para alimentar su imparable progreso económico, por lo que ha diversificado sus fuentes de abastecimiento de petróleo, gas y recursos naturales desde Rusia hasta Latinoamérica, pasando por Oriente Medio, África y Asia Central.
A finales de este año se terminará la construcción de un gasoducto de 6.500 kilómetros que traerá cada año 30.000 millones de metros cúbicos de gas desde Turkmenistán. El proyecto, que cuesta unos 3.000 millones de dólares (2.007 millones de euros), explotará uno de los principales yacimientos de esta antigua república soviética, cuyas ricas reservas pueden contrarrestar la fuerza de Rusia a la hora de negociar nuevos acuerdos con el régimen de Pekín.
De todas maneras, cuando se firme el contrato con Gazprom para la construcción del gasoducto procedente de Siberia, China será el principal cliente de Rusia, que podría dejar de depender así de sus exportaciones a Europa. Tras los problemas con los suministros registrados el pasado invierno, con cortes que afectaron a Ucrania, Polonia, Alemania, Rumania, Hungría y Bulgaria, Moscú gozaría de más autonomía para imponer los precios y seguir presionando con la “diplomacia del gas”.
Actualizado Lunes, 19-10-09 a las 11:01
Paradojas de la política y la economía, los dos antiguos colosos comunistas, China y Rusia, han mejorado sus relaciones diplomáticas desde que ambos abrazaron el capitalismo y el libre mercado. Si, durante la Guerra Fría, Moscú y Pekín llegaron a ser enemigos por su diferente percepción del socialismo y los recelos de Mao Zedong hacia la peligrosa influencia del Kremlin, con la globalización han encontrado un terreno común para el entendimiento: el dinero.
La alianza no podía ser más clara: China está hambrienta de energía para alimentar su extraordinario crecimiento económico y dispone de los fondos suficientes para pagar el suministro de Rusia, que cuenta en Siberia con grandes reservas de petróleo y gas natural y está ansiosa por conseguir liquidez tras la caída del consumo en Occidente por la crisis. Y, de paso, ambos contrarrestan la hegemonía mundial de Estados Unidos además de enriquecerse.
Por ese motivo, el aspecto económico ha sido uno de los pilares del reciente viaje a Pekín del primer ministro ruso, Vladimir Putin, quien se reunió con su homólogo chino, Wen Jiabao, y con el presidente Hu Jintao. Durante esta visita, se firmaron una treintena de acuerdos por valor de 3.500 millones de dólares (2.360 millones de euros) en materia de cooperación energética, minería, transporte y desarrollo de infraestructuras. En principio, el viceprimer ministro ruso, Alexander Zhukov, había anunciado que los contratos a firmar ascenderían a 5.500 millones de dólares (3.703 millones de euros), por lo que esta reducción podría indicar que ha habido divergencias entre ambas partes que han dejado algunos proyectos en el tintero.
Y es que, a pesar del reciente acercamiento, las relaciones entre Pekín y Moscú aún siguen siendo complejas y están llenas de recelos mutuos, lo que viene demorando la construcción de oleoductos y gasoductos para abastecer al “dragón rojo”.
Con independencia de estas especulaciones, entre los acuerdos suscritos destacan sendos préstamos a bajo interés de 500 millones de dólares (337 millones de euros) por parte del Banco de Desarrollo de China y del Banco Agrícola de China a dos instituciones financieras estatales de Rusia, VEB y VTB.
Dichos créditos consolidan la fórmula de financiación a cambio de energía, que ambas partes ya pusieron en práctica el año pasado cuando Pekín se comprometió a aportar préstamos por valor de 25.000 millones de dólares (16.824 millones de euros) para construir un oleoducto desde las grandes reservas sin explotar de Siberia. A cambio, China, el segundo mayor consumidor de petróleo del mundo, se aseguraba el suministro durante los próximos 20 años. Los trabajos comenzaron la pasada primavera en los tramos ruso y chino del oleoducto, que estará terminado a finales de 2010 y suministrará 1,5 millones de toneladas de petróleo al año desde 2011.
Pero dicho plan es sólo una parte de la cooperación energética entre ambos países, cuyos acuerdos ascienden hasta los 100.000 millones de dólares (67.266 millones de euros) al incluir también al gas natural.
En este sentido, Gazprom, el gigante estatal que tiene el monopolio del gas ruso, firmó un “acuerdo marco” con la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC, en sus siglas en inglés) para suministrarle 70.000 millones de metros cúbicos al año, lo que casi equivale a los 80.000 millones de metros cúbicos que el “dragón rojo” consume anualmente. Aunque aún no se ha fijado el precio, el contrato final podría firmarse en junio del próximo año para que el gasoducto estuviera operativo dentro de cinco años.
Desde 2006, China y Rusia vienen discutiendo el abastecimiento desde las reservas de Siberia oriental, calculadas en 2 billones de metros cúbicos de gas y más de 83 millones de toneladas de gas condensado, pero las suspicacias y las divergencias en torno al precio no acaban de desbloquear el denominado proyecto Kovykta.
Debido al impacto de la crisis financiera global en Rusia, compañías como Gazprom se encuentran ahora con la urgente necesidad de abrir nuevos mercados como el chino, lo que podría acabar con este “impasse”. A cambio, Pekín quiere aprovechar el tamaño de su billetera para extender sus tentáculos en el accionariado de las compañías rusas y vender a Rusia algunos de sus avances en infraestructuras, como sus trenes de alta velocidad.
Según explicó Putin, “la cooperación energética es una parte importante de la alianza entre China y Rusia y de los intercambios comerciales entre ambos países”, que en 2002 eran de 9.300 millones de dólares (6.256 millones de euros) y el año pasado alcanzaron los 56.000 millones de dólares (36.678 millones de euros). Una buena prueba de que el dinero une más a los antiguos comunistas que el socialismo de clase.
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