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El suicidio: una tragedia nacional en Francia
Foto J.P. Quiñonero
Actualizado Domingo, 18-10-09 a las 17:19
Francia sufre de una grave enfermedad del espíritu: el suicidio, que es la tercera causa de muerte nacional, tras las enfermedades coronarias y el cáncer. En Francia hay más suicidas por año que víctimas de accidentes en carretera. El mejor revelador de tal tragedia es la primera empresa nacional de telecomunicaciones, France Télécom, la septuagésimo primera empresa mundial, que tiene 187.000 empleados y 174 millones de clientes en cinco continentes.
Desde 1980, en Francia se suicidan cada año entre 11.000 y 12.000 personas. El 2008, la mortalidad por accidentes carretera se cobró 4.443 muertos. Según la Fédération Française de Santé au Travail, en Francia se producen cada año entre 300 y 400 suicidios “íntimamente ligados a los problemas laborales y las condiciones de trabajo”.
Históricamente, el “boom” de los suicidios estalló en Francia en 1.980, uno año antes del triunfo electoral del proyecto político de “unión de la izquierda”, que dio el poder a François Mitterrand prometiendo “la ruptura con el capitalismo”. Las cifras del crecimiento trágico del número de suicidios coinciden con la doble presidencia socialista de Mitterrand, entre 1981 y 1995, para estabilizarse en torno a los 11.000 / 12.000 hacia al año 2000. Durante ese intervalo histórico, la socialización, el poder el Estado y la economía burocrática precipitaron un bien historiado declive nacional, continuado durante la presidencia de Jacques Chirac (1995 – 2002)
Las estadísticas oficiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) subrayan bien tal proceso histórico, en torno al 2003. Francia se consolidó ese año como una pavorosa potencia suicida, con los índices de muertes voluntarias entre los más altos de Europa y el Mundo, con 25.1 hombres y 9.4 mujeres suicidas por cada 100.000 habitantes. En Europa, solo Austria, Finlandia y Bélgica tenían mayor número de suicidas, mientras que países como España, Italia o el Reino Unido destacaban por una tasas de suicidio muy inferiores.
Christophe Dejours, autor de un estudio sobre el suicidio en el trabajo pone el dedo en otra llaga cancerosa: “Los suicidios en el trabajo, o consecuencia de problemas laborales, aparecieron en las sociedades industriales durante los años 90 del siglo pasado. Pero en Francia cobraron una importancia particular. En año 2007 comenzamos a estudiar la gravedad del problema, con una serie de suicidios en cadenas, sucediéndose en grandes empresas, como Renault, Peugeot, o EDF (empresa estatal de distribución de gas y electricidad). Años antes había comenzado a crecer el suicidio de policías”.
Esa espiral suicida que comenzó a crecer, como un inquietante cáncer, durante los años 80 y 90 del siglo pasado, se convierte en un pavoroso espectáculo nacional el verano del 2009, con el legendario “yo acuso” de un suicida de France Télécom, el gigante nacional de las telecomunicación, empresa semi pública (el Estado sigue controlando el 50 por ciento del capital).
La noche del 13 al 14 de julio pasado (fiesta nacional, conmemorando la toma de la Bastilla, en 1.789), Michel, un técnico de France Télécom, se suicidó con barbitúricos (como Marilyn Monroe y otros suicidas célebres) dejando este pavoroso testimonio:
“Me suicido a causa de France Télécom. Es la única causa de mi muerte voluntaria. No puedo más con las urgencias permanentes, el trabajo excesivo, la ausencia de formación, la desorganización total de la empresa. Los directivos practican el “management” del terror. Esa manera de trabajo ha desorganizado mi vida, me ha perturbado. Me he convertido en una ruina, un desecho humano. Prefiero acabar. Poner fin a mi vida”.
En vísperas de la tradicional declaración institucional del jefe del Estado, en el Elíseo, dando cuenta de su gestión y el “estado” de Francia, la breve carta de adiós de Michel, el técnico de France Télécom, cayó como una bomba, pronto sofocada por las nubes tóxicas de la publicidad y una actualidad más “urgente”, devorando cada día la actualidad del día anterior.
La carta de Michel introdujo en la historia de los suicidios en el puesto de trabajo, o consecuencia de las condiciones laborales, en Francia, una novedad radical e inquietante: el “suicidio espectáculo”. El mes de julio pasado ya se habían suicidado una veintena de trabajadores de France Télécom: pero pusieron fin a sus vidas en silencio, mudos. Tras el suicidio de Michel siguieron los suicidios. Y aparecieron nuevos testimonio, de muy diversa índole.
Al día de hoy, France Télécom ha contabilizado 25 suicidios. La vigésima víctima, Stephánie, escribió a su padre, vía @, este correo, el 11 de septiembre pasado:
“… vuelven mis pulsiones suicidas. He decidido pasar al acto, esta tarde / noche. Es inútil prevenir al propietario de mi piso, porque pienso poner fin a mis días en mi despacho. Mi jefe no estará prevenido, pero yo seré la vigésima víctima, asalariada. No acepto no nueva reorganización del trabajo. He vuelto a cambiar de jefe. Prefiero morir. Dejo mi bolso y mi móvil en el despacho. Llevaré conmigo mi carta de donante de órganos. Nunca se sabe. Te amo, papá”.
Tras escribir esa carta, Stephánie se tiró por el balcón. Los bomberos y los médicos de urgencia no consiguieron salvar su vida.
El caso de Stephánie había estado precedido por el de un técnico que intentó suicidarse con un cuchillo. Y falló el golpe. Días más tarde, un contable de Marsella envió un @ a varios de sus colegas, hablando de su estado depresivo. Los amigos consiguieron disuadirlo. Y meterlo en un hospital, en una sala de urgencia, vigilado día y noche para evitar las tentaciones suicidas.
Los sindicatos han intentado utilizar la ola de suicidios en France Télécom como un “argumento” de presión para frenar las reformas de organización, en curso. En vano. Ni la empresa ni los trabajadores creen en los sindicatos. Según una encuesta interna, a la que solo respondieron 3.243 de los 187.000 empleados, apenas un 17 % de quienes respondieron estiman que los sindicatos “sirven para algo”. Y una inmensa mayoría no solo desconfían de los sindicatos: los consideran poco representativos e “inquietantes” cuando utilizan los suicidios como arma de chantaje contra la empresa.
Queda el problema de fondo, nacional, francés, y empresarial, de France Télécom, vitrina de la tecnología nacional, uno de los grandes gigantes de las telecomunicaciones mundiales.
Ivan du Roy había escrito un estudio sociológico sobre la empresa, poco antes del estallido de la ola de suicidios, con la que culmina su trabajo, y comenta: “Se mire por donde se mire, es imposible disociar los suicidios de las cuestiones de management de la empresa. Entre el 2.006 y el 2.008 se consumaron 22.000 supresiones de puestos de trabajo en France Télécom. A tal proceso hay que añadir otros 10.000 cambios de oficio, cambio de afectación laboral. A tal “movilidad” hay que añadir las invitaciones apremiantes a la jubilación anticipada, entre otras muchas cuestiones de gestión de la mano de obra. No es fácil establecer la relación causa efecto. Pero es imposible taparse los ojos ante esa relación”.
France Télécom no está sola en la crisis. El suicidio en el puesto de trabajo, y consecuencia directa o indirecta de los problemas laborales, es una tragedia nacional. Especialistas en sociología del trabajo, Christophe Dejours y Florece Bègue han establecido una primera tipología de los suicidas laborales, en Francia, que obedecen a tres tipos de dramas y razones: víctimas del stress, víctimas de la “vulnerabilidad psicológica”, y víctimas de las “presiones del medio”. Quizá se trate de razones íntimamente trabadas, alimentando una enfermedad del espíritu de nuevo cuño, que Francia sufre como un sombrío drama nacional.
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