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El precio al contado del oro alcanzó el pasado miércoles la cota más alta de toda su historia al cotizar a 1.071 dólares la onza, aunque el valor máximo de cierre lo había conseguido precisamente el día anterior, cuando se pagó a 1.064,20 dólares.
La cotización del metal precioso ha subido sin parar en los últimos tiempos y se encuentra actualmente en sus máximos históricos. Sólo en los últimos ocho años el precio del oro se ha multiplicado por cuatro y a pesar de haber corregido algo su cotización en las dos últimas sesiones de la semana, todavía supera ampliamente el listón de los 1.000 dólares la onza.
Dos han sido, según los expertos, los motivos principales de esta escalada del precio del metal precioso. Por una parte, la debilidad del dólar estadounidense, moneda en la que suele cotizar el oro, y que se encuentra actualmente en los niveles más bajos respecto a las principales divisas. Concretamente, el pasado viernes, el Banco Central Europeo estableció un cambio de referencia del euro de 1,4869 dólares.
Por otra parte, el carácter de valor refugio que tradicionalmente ha tenido el oro, que se ha acentuado mucho más con la crisis. Los inversores se han decantado por el oro para guardar sus ahorros ante las incertidumbres que les genera la situación actual, las bajas rentabilidades de otros activos y los temores a un alza de la inflación a causa de las grandes cantidades de dinero que se han inyectado en los sistemas financieros.
Todo ello ha desencadenado una auténtica «fiebre del oro», que está provocando que este metal precioso empiece a escasear en algunos países y que se forman colas para comprarlo.
Según los expertos, el aumento de la demanda de oro ha dejado sin existencias a los bancos comerciales y a los grandes distribuidores en Europa, que han optado por limitar la cantidad que se puede adquirir e incluso por dar fechas de entrega a 2 meses a sus clientes.
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