
Domingo, 18-10-09
POR B. LÓPEZ
CÓRDOBA. Las «mafias de la construcción», cuadrillas que van a las obras con actitudes intimidatorias exigiendo contratos para miembros de sus listas, repuntan en la capital con la crisis. La pasada semana, un empresario, José Parras, y uno de sus trabajadores, Nicolás Postigo, denunciaron amenazas de un piquete en una promoción. Según su relato ante la Policía Nacional, los concentrados pertenecían a la Agrupación de Yeseros y Escayolistas 1986 de Córdoba, que no consta que sea una asociación legal y a la que se considera una «mafia de la construcción».
Lo paradójico es que el empleado denunciante perteneció siete años y tres meses, en distintos periodos, a este colectivo. Su mayor vinculación con él se dio de principios de 1998 a finales de 1999 -cuando estuvo en su directiva- y de inicios de 2008 a abril de 2009, cuando lo dejó. Al salir de él, podía tener unos 210 asociados, apunta Postigo. Ahora, se dispone a contar cómo opera esta «mafia de la construcción». Una frase resume una amplia explicación posterior: «Es un sistema basado en el miedo». Y sigue funcionando.
Avisa de que en Córdoba trabajar de escayolista o yesero sin ser de la Agrupación es «casi imposible. Te la juegas a que llegue un piquete y te abra la cabeza, como le ha pasado a muchos que han callado».
Indica que las empresas «normalmente» siguen dirigiéndose a este colectivo para pedirle trabajadores. «Es un sistema por el que traga todo el mundo», dice, con la excepción ahora de la firma de Parras (Yesos del Genil), quien ha presentado la denuncia.
Para entender cómo se llega a esta situación, se retrotrae a 1986. Ahí está el origen de esta Agrupación, en «unas huelgas salvajes. No sólo pegaban a la gente, sino que destrozaban las obras. A partir de ahí, crean un clima, con meses de huelga, y las empresas que quedaron vivas tuvieron que pasar por el aro. No había otra forma de trabajar».
Desde entonces, avisa, las normas del mercado laboral de este subsector en la capital las «ha impuesto» la Agrupación. Ésta se estructura con una directiva y una asamblea, que se reúnen una vez por semana en la «sede de CC.OO. en el bulevar de Gran Capitán». La asistencia a los cónclaves es obligatoria. Cuando él se fue, el colectivo iba a recuperar las sanciones por faltar.
Interpretación del convenio
Y Postigo señala que hay distintos grados de presión cuando un empresario se resiste a meter a los miembros de este colectivo en una obra. Uno intermedio es ordenar a los yeseros y escayolistas que controlan en todos los negocios que se pongan a trabajar a bajo rendimiento. Eso, según Postigo, hace que el empresario que no cede reciba la llamada de otros que le «presionan» para que acepte las peticiones de la Agrupación y se acabe una situación que les genera un perjuicio económico. Si eso falla, llegan los piquetes.
En las asambleas donde se preparan dichos piquetes, indica, se «enaltece» que éstos tengan una actitud intimidatoria. Allí, recuerda, se oyen frases como «¡Estos cabrones no se van a salir con la suya!» o «¡A estos cabrones hay que enseñarles! ¡Aquí, mandan nuestros cojones!».
Según este trabajador, el argumento de la Agrupación para exigir empleos para sus miembros es la interpretación que hace del convenio colectivo que fija «que, cuando la empresa no emplee personal de plantilla, hará un 50% de la oferta vía SAE». «Ellos, palabras textuales, eso se lo pasan por el «forro de los huevos». «Es el 50% nuestro», dicen», explica. Pero, va más allá. También exige a los negocios que trabajan sólo con sus fijos que metan a gente del colectivo: «Si una firma lleva cuatro fijos a una obra, según ellos, debe meter cuatro de la Agrupación».
Su relato avanza y explica cómo se entra en este colectivo. Hay un motivo de peso: «En la Agrupación, te dicen que, si no te apuntas a ella, no vas a trabajar en Córdoba».
Se abonan dos euros al mes. Si no se es afiliado de CC.OO. o de UGT, hay que pagar otros 8 ó 9 euros mensuales como si se perteneciera a un sindicato. Sólo los miembros de CC.OO. o quienes no son de ningún sindicato pueden ser de la dirección, matiza.
El pago físico de la cuota, sigue, se hace en «las oficinas de Comisiones Obreras, en Gran Capitán». Allí, «te ponen el sellito» en una cartilla. El dinero recaudado va a «comprar una lotería o a una comida anual y a pagar el bonobús o la gasolina a los piquetes para que vayan a las obras».
Pagar pese a estar fuera
Postigo dice que los miembros de la Agrupación tienen dos vías para lograr trabajo: buscar por su cuenta o apuntarse a una lista hasta que les llegue su turno por «orden de antigüedad, pero con eso se han hecho muchas trampas».
Si halla empleo por su cuenta, desvela, el trabajador «tiene que comunicarlo» a la Agrupación. «Y si el jefe de la empresa no llama, automáticamente ellos están telefoneando para decirle: «Oye, el 50%» [en alusión a la peculiar interpretación que este colectivo hace del convenio]». «Es decir, si entra uno de la Agrupación por libre, tiene que entrar otro más. Si entran dos, dos más». Y añade que, si el negocio se niega, el obrero que entra por libre recibe la orden de no trabajar.
Las diferencias de Postigo con la actuación de los piquetes hicieron que a finales de 1999 «la Agrupación me dijera: «Tú ya no trabajarás en Córdoba». Ellos con levantar el teléfono y llamar a los empresarios, sanseacabó».
Se fue y terminó en Barcelona. Sin embargo, muestra una cartilla de la Agrupación con los sellos de 2000 a 2002. «Seguía pagando -explica-. Es la obligación, aunque estés fuera de Córdoba. Es que si quiero volver a trabajar aquí, si no estoy al día de pago, me tengo que poner. También tienes que comunicar que te vas». Igualmente, mientras trabajan en Córdoba, se sigue pagando la cuota.Posteriormente, Postigo volvió a Córdoba y acercó distancias con la Agrupación, pero en abril de 2009 decidió dejarla después de que «un piquete agrediera a un trabajador con una barra de hierro» y de que en una asamblea posterior de la Agrupación se «burlaran» al aludir a este hecho: «Por ejemplo, uno comentó: «No, si lo que hay que hacer es pegarle otra vez»».
Se fue en busca del que «lleva las listas», que «tiene la oficina en la sede de CC.OO. y es afiliado de este sindicato», para comunicarle que se iba y que ahora trabajaría según el convenio. La advertencia fue clara: «Me contestó: «Vas a tener problemas, y gordos»».
Denuncia que CC.OO. «ampara a la Agrupación». Y señala que «hay otro colectivo, el de soladores y alicatadores, que es igual que el de los yeseros. También trabajan con la cobertura de Comisiones, se reúnen en la misma sede...».
Nicolás acaba. En una hora de charla, sus palabras han «dibujado» los cimientos del «sistema del miedo» que impera en la construcción.



