«Es grave porque se vulnera la ley educativa»
A los pocos días de implantación de los libros digitales, la consejería de Educación de la Generalitat recibió un toque de atención por parte de los partidos nacionalistas. CiU alertó al Govern de que estas nuevas tecnologías podían poner en peligro el modelo de inmersión, que consagra al catalán como única lengua de enseñanza. Converg_ncia i Unió llamó la atención al consejero Ernest Maragall sobre este particular y también lo hizo Esquerra. La diputada de CiU, Irene Rigau, denunció la pasada semana en el Parlament que los contenidos de los libros digitales sean «bilingües»y acusó al departamento de Maragall de «improvisar» en la implementación de las aulas digitales y cometer un «grave error» al «colar un material que vulnera la propia ley educativa al romper con la idea de que el catalán es la única lengua vehicular de la enseñanza».
Con naturalidad y sin filtros políticos, los libros digitales han devuelto a la escuela catalana -aunque sólo por unos días- la libertad lingüística que perdió hace décadas.
De un solo plumazo, mejor dicho de un solo «clik», los alumnos catalanes de los cerca de setenta centros que se han lanzado este curso a la aventura digital pueden leer, si lo desean, los textos en castellano, algo impensable desde que la Generalitat convirtió al catalán en la única lengua vehicular de la enseñanza. Al conectar con Digital Text, la empresa de contenidos con la que la Generalitat ha concertado este servicio «on line» de libros de texto, la pantalla inicial recibe al alumno en castellano, aunque le da la opción de cambiarse al catalán si lo desea. Así de fácil, apretando una tecla el alumno cambia del castellano al catalán o viceversa.
Presiones nacionalistas

Este hecho ha levantado como era de prever polvareda política y el gobierno catalán se ha puesto manos a la obra para deshacer el entuerto. CiU llamó la atención al consejero Ernest Maragall sobre este particular hace unos días en sesión parlamentaria y, según ha podido saber este diario, también le han llegado presiones de sus socios de tripartito (ERC). Los nacionalistas consideran que ese «descuido» pone en riesgo la inmersión lingüística y amenaza la hegemonía del catalán en las aulas.
Ante tales reacciones, la Generalitat catalana ha reclamado a Digital Text que elabore un sistema para que el propio profesor pueda bloquear la tecla del castellano. Según fuentes de la compañía, el dispositivo podría estar listo a finales de la próxima semana. El consejero socialista ha pedido también a la empresa de contenidos «on line» que la pantalla de acceso a los textos «aparezca por defecto en catalán».
El departamento de Educación ha recordado a los docentes que «el catalán es la lengua de uso en los centros educativos» y, según aseguran algunos, les ha hecho llegar la consigna explícita de que bloqueen la opción del castellano. Algunos centros de secundaria compraron los contenidos sólo en la lengua autonómica, aunque otros no le dieron importancia a la cuestión y colgaron la versión bilingüe.
Fuentes de la conselleria de Educación consultados por ABC negaron haber dado instrucciones explícitas a los profesores de que bloqueen la tecla lingüística y recordaron que «la decisión es siempre del docente y él debe tener claro que la lengua vehicular es el catalán». Las mismas fuentes reconocieron que al concertar la licencia con Digital Text «le dejamos también claro que los contenidos debían ser en catalán».
La empresa aseguró, por su parte, que «en el aula, el que seleccionará la lengua del libro será el profesor, siguiendo las indicaciones del departamento». «El profesorado nos comunica en qué lengua quiere que se imparta una materia y, aunque ellos sí que pueden acceder a las doble versión lingüística, los alumnos no lo podrán hacer», añadió. Directores de institutos como Josep Castilla del IES Lluís de Peguera de Manresa reconocen que «los profesores controlan siempre que los alumnos tengan abierto únicamente el acceso en catalán» en los libros digitales.
«En casa no los vigilamos»

No obstante, otros docentes consultados por este periódico admiten que «el control directo se pierde cuando los alumnos hacen los deberes en casa». Este hecho, ha provocado que algunos profesores expresen cierta inquietud a las direcciones.

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