«Ninguna parte debía atacar a la otra». Estos fueron los términos del acuerdo entre italianos y talibanes, según las declaraciones del líder insurgente Mohamed Ishmayel a «The Times». Continúa el culebrón sobre el pago de sobornos a la insurgencia por parte de las fuerzas italianas para no recibir ataques en la zona de Sarobi, al este de Kabul. Tras las amenazas de Roma de llevar al diario británico ante los tribunales, «The Times» publicó ayer los testimonios de la persona que cobró «decenas de miles de dólares», y que cuando se produjo el relevo italiano en la zona, el verano pasado, dio el acuerdo por roto. A las pocas semanas, diez franceses morían en una emboscada.
El diario británico también recoge las palabras de un responsable del Gobierno de Afganistán y de un alto mando del Ejército afgano, que acusan a Italia de usar el dinero como fórmula para asegurar sus zonas de acción, especialmente en Herat, provincia donde se mantiene desplegado el grueso de las fuerzas españolas.
Desde París, el ministro de Defensa, Hervé Morin, aseguró que se trata de «rumores» sin fundamento y se alineó con el gobierno de Roma, ya que «no pongo en duda la palabra de las autoridades italianas». Morin se refirió a «la ética y el honor de la misión», pero se olvidó de mencionar el manual de lucha contra la insurgencia norteamericano en el que, según una información del diario «Liberation» y «Radio France International», se recoge la opción del pago de sobornos como un arma más de guerra.
Los países de la OTAN cierran filas en torno a Italia, pero no sería extraño que en el futuro próximo se desvelasen nuevos casos de pagos de sobornos a líderes locales. Como ya demostrara Estados Unidos en Irak con el «surge» (aumento de tropas), bajo el mando del general David Petraeus, actual Jefe del Comando Central americano, la compra del enemigo contribuye a corto plazo a la reducción de ataques.


