
THE WHITE HOUSE Obama y Clinton, en una foto de la pasada primavera en los jardines de la Casa Blanca
Aunque demasiado tarde para alterar el resultado de su épica batalla por la Casa Blanca, Hillary Clinton ha recibido el consuelo de ser más popular ante la opinión pública de EE.UU. que Barack Obama. Si bien no debe ser fácil para una figura política de su calibre asumir que le va mejor en un papel secundario, el último sondeo Gallup ha atribuido a la secretaria de Estado una popularidad del 62%, seis puntos por encima de su jefe.
Los números de Gallup también confirman el abismo entre la lírica de hacer campaña y la prosa de gobernar. Ya que durante sus nueve meses en la Casa Blanca, la popularidad de Obama ha retrocedido con llamativa velocidad de un 78% a un 56%. Mientras que el respaldo a su gestión ha quedado en un 52%.
A pesar de obtener la mayor popularidad desde diciembre de 1998, cuando la saga del «impeachment» contra Bill Clinton, Hillary ha negado la posibilidad de volver a presentarse a unas elecciones presidenciales. En declaraciones a la cadena ABC, ha recalcado que de haber ganado la Casa Blanca, ella también hubiera contado con Obama para su gabinete.
Con el arranque del actual curso, sobre el ocupante del Despacho Oval han empezado a converger críticas de pasividad e ineficacia formuladas por los sectores más hacia la derecha y la izquierda del espectro político americano. Una demoledora parodia emitida hace dos semanas por el famoso programa de la NBC «Saturday Night Live» presentaba a un imitador de Obama diciendo «cuando ustedes examinen mi récord, está claro lo que he hecho hasta ahora, es decir: Nada. Casi un año y ningún resultado».
A esta percepción de falta de logros y sustancia se sumó la semana pasada la difícilmente justificable concesión del Premio Nobel de la Paz. Y con cierto resentimiento, el presidente se ha visto obligado a defender su gestión en público. Durante una visita este jueves a Nueva Orleans, Obama ha insistido en haber mejorado la catastrófica situación económica de EE.UU. y hacer posible una reforma sanitaria en profundidad.
Fregona socialista
Con insistencia en que no ha hecho más que empezar y que nunca pensó que sus responsabilidades fueran sencillas. Según Obama, «a veces escucho a esos reporteros en las noticias que dicen, bien ¿por qué no ha solucionado todavía el hambre del mundo? Han pasado nueve meses ¿Por qué? Yo nunca dije que fuera a ser fácil ¿Qué dije durante la campaña? Dije que el cambio era duro. Y que los cambios grandes son todavía más difíciles».
Durante una cena con patrocinadores de su partido en San Francisco, el presidente también argumentó que junto a sus aliados en el Congreso se encuentra «con un fregona limpiando el fiasco de otros», en referencia a los problemas heredados de la Administración Bush. Según Obama, «no queremos a alguien sentado y diciendo que no estamos agarrando la fregona de forma correcta, que no estamos limpiando rápidamente o que estamos utilizando una fregona socialista».


