
A Ami Winehouse se le prendió la inmensa mata de pelo en un concierto por culpa de un fusible. La noticia apareció en el sensacionalista «Daily Mirror» y luego surcó todos los mares de internet. La noticia era falsa y quienes la filtraron al periódico británico buscaban precisamente eso, primero su publicación en papel y luego su difusión en las webs, para demostrar cómo rápida y acríticamente cualquier cotilleo sobre los famosos alcanza la letra impresa sensacionalista, y cómo luego ésta es repicada instantáneamente en la Red.
Ni era cierto lo de Winehouse, ni que Pixie Geldof, hija del cantante Bob Geldof, se había puesto bolsas de golosinas en las sujetadores para abultar más y ser más dulzona. Tampoco que Guy Ritchie, el ex de Madonna, acabó con un ojo morado en una noche con amigotes en el barrio londinense de Mayfair. Todas estas noticias fueron inventadas por un equipo cinematográfico dirigido por Chris Atkins, que a finales de mes presentará un documental sobre la experiencia en el Festival de Cine de Londres. Su título es «Starsuckers», algo así como «chupópteros de estrellas».
Después de varios meses diseñando la estrategia, durante dos semanas a comienzos de año los miembros del equipo estuvieron contactando con los tabloides ofreciéndoles cotilleos sobre famosos. Debían ser imaginativos para llamar la atención, pero al mismo tiempo sin incluir excesos que levantaran sospechas o hicieran increíble el soplo. Además tenían que ambientar éste en el sitio en el que la «celebrity» realmente había estado y a la hora en que lo había hecho.
En esta labor, se daban a sí mismos nombres cursis, como «Gigi» y «Neve Looney», y llamaban o enviaban correos electrónicos a las direcciones especiales que los diarios sensacionalistas tienen para que el público aporte noticias o dé pistas sobre hechos escandalosos de los famosos. Contactaron básicamente con «The Sun», «Daily Mirror», «Daily Express» y «Daily Star», y todos picaron en alguna ocasión.
Aunque estos diarios no han reaccionado formalmente tras saberse que han sido objeto de una campaña de intoxicación, fuentes de esos medios han destacado la incongruencia de Atkins y su equipo de intentar hacer una denuncia sobre la ética periodística utilizando algo tan poco ético como una sarta de mentiras.


