El escritor Claudio Magris /EFE
Más información
Actualizado Viernes, 16-10-09 a las 18:34
El escritor italiano Claudio Magris sueña con «el día en que tengamos un estado europeo». Así lo ha manifestado hoy en la Feria del Libro de Fráncfort, donde también ha comentado que le parece «casi ridículo» que siga habiendo leyes diferentes en Alemania, Francia e Italia.
«Nuestros problemas ya no son nacionales. Por eso necesitamos un estado europeo. Sueño con el día en que tengamos un estado europeo, aunque eso no vaya a ocurrir todavía», dijo Magris, quien recibirá el domingo el prestigioso Premio de la Paz de los Libreros Alemanes.
Pese su sueño, Magris opinó que de momento hay muchas dificultades para que Europa llegue a una verdadera unión y dijo que hay muchos miedos que llevan a un resurgir de «los nacionalismos y micronacionalismos» en algunos países. «Por ejemplo, y he escrito un artículo malicioso sobre ello, hay gente que cree que en los colegios sólo se deben estudiar los escritores locales. Aplicar eso al pie de la letra implicaría convertir a Pirandello en lectura obligatoria en Sicilia, pero prohibirlo en Lombardía», dijo Magris. «Hay miedo a la nivelación y eso lleva a otro peligro mayor que es el peligro del aislamiento», agregó el autor de «Biografía del Danubio».
La literatura válidaSobre el premio y el aporte que puede haber hecho su obra a la idea de Europa, Magris dijo que ojalá el jurado tenga razón con su afirmación de que la ha impulsado, pero dijo que eso no había sido intencionalmente y que la literatura que verdaderamente tiene valor no parte de una intención política ni moral. «Uno escribe lo que tiene en la cabeza y en el corazón y a veces se llega indirectamente a resultados que tienen repercusiones que van más allá de la literatura», explicó el escritor.
Según Magris, la literatura -en su proceso de creación- es amoral y apolítica pero tiene repercusiones políticas y morales. Magris se manifestó además en contra de los textos que buscan un adoctrinamiento en uno u otro sentido y dijo que la transmisión de valores siempre se da de una manera indirecta. «Mis padres nunca me explicaron que no se debía ser racista ni que uno no debía comer en los lavabos, pero por la forma como vivíamos terminó siendo natural para mí no discriminar a los otros ni llevarme los espaguetis al excusado», dijo el escritor. «Y si no estoy aquí en calzoncillos no es porque nadie me lo haya dicho sino porque es algo que consideramos obvio», agregó Magris.



