Jueves, 15-10-09
UN Unamuno exilado en Francia abrumaba con sus reflexiones a la viuda de Blasco Ibáñez hasta que ella le dijo: «Lo que tiene usted que hacer es irse a los Estados Unidos y fundar una secta religiosa, con lo cual se haría millonario». En un mundo más global, Zapatero ha comenzado su gira por Oriente Medio en la Gran Mezquita de los Omeyas, en Damasco. Después de dialogar con Barack Obama en Washington, un imán sirio le da la bienvenida a las puertas del tan viejo enigma del Medio Oriente. Se entrevista con el presidente Bashar el Assad y luego visita Jerusalén y Ramala. Es la primera fase de esa vuelta al mundo que le corresponderá con la presidencia semestral europea. Oriente Medio es un «derby» de la política internacional. Hay que conocerse bien los vestuarios, saberse las peculiaridades de los árbitros. En el caso de Zapatero, el ministro Moratinos aporta los amigos de siempre en Palestina. En Jerusalén le van a hablar con brusca franqueza. Alguna solución de todo va a ocurrírsele, pero ya de regreso.
Es postulable que el Zapatero que llega a Oriente Medio no es el mismo que estuvo en Washington. Obama se le ha revelado como un atisbo muy aproximado de lo que siempre ha querido ser y no acertaba a concretarlo. Es más: posiblemente ya lo es, pero hay que suponer que no todos nos damos cuenta. Quizá tenga que fundar algo. Con el socialismo en el desván y la socialdemocracia en el garaje, ¿quién como Zapatero está en mejor posición para reinventar la izquierda en la Unión Europea?
Al fin y al cabo, el profesor Anthony Giddens -formulador de la Tercera Vía- ahora avala todas las políticas de Barack Obama. Habrá en las biografías de Zapatero un antes y un después de Obama. Posiblemente, lo que ahora vea en Oriente Medio no es lo mismo que hubiese visto sin pasar por Washington. Pero es pronto para saber si ha sido más seducido por el Obama de visión o el Obama de pragmatismo. Por biología política y por aprendizaje, Zapatero también es pragmático, de un pragmatismo tan a corto plazo que avanza de un día para otro complementando la atención a la meteorología con las cotas de su agenda radical. Eso también habrá creído percibirlo positivamente en Obama.
Indefectiblemente, los segundos mandatos en La Moncloa conllevan un mayor interés por la política exterior. Más llamativo es aún en el caso de Zapatero. Y más ahora que ha respirado en el entorno del aura que expone la presidencia de Barack Obama. Salvo en lo que corresponde al manejo interno del PSOE, la circunstancia actual de Zapatero ha sido de «tabula rasa» hasta intimar con Obama. Afronta su nuevo nacimiento sin construcción mental alguna, unívocamente abierto a la experiencia de impregnarse de Obama. En realidad, donde Obama es cerebral, Zapatero es intuitivo. Sobre todo, cuidar de no toparse con alguna viuda de Blasco Ibáñez.
Un segundo Obama, un Obama «bis»: en su retorno a España habrá que ver su nuevo caudal de ideas. Regreso después de un largo éxodo sin maestros ni modelos porque no hay quien entienda a Gordon Brown, ni quien aguante el patrocinio de Felipe González. Encuentro con Obama-Juan Bautista, el mismo San Juan cuyos restos -según la leyenda- están en la Gran Mezquita de los Omeyas en Damasco. Ese es un viaje de jubileo. Por eso Zapatero le prometió a Obama oro, incienso y mirra para cuando presida la Unión Europea de enero a finales de junio.
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