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Jueves, 15-10-09
La identificación de Zapatero con Obama es tan grande que por un extraño fenómeno, hasta en las portadas de los diarios de ayer, se les veía a ambos casi del mismo color: más blancos, en unos casos; más tostados, en otros. O es la buena sintonía o es la técnica del photoshop, que hace que las cosas parezcan mejor de lo que son.
Zapatero la está utilizando bastante en su semana fantástica, que se abrió el martes en el Despacho Oval. Primero, anunció el aumento en el número de guardias civiles en Afganistán, cuando en realidad se trataba de un maquillaje del que ya había hecho en Estrasburgo en abril. Después, ya en Damasco, ha dejado flotar en el ambiente que lleva una misión del presidente estadounidense para favorecer el proceso de paz en Oriente Medio. «Hay que ser discretos y prudentes», dijo, para mantener el suspense.
En realidad, lo que hubo en la entrevista fue una gran coincidencia en los análisis sobre la región, algo que no ocurría con la anterior Administración estadounidense. Aunque Washington valora los conocimientos de Moratinos y que España va a presidir la Unión Europea, Obama no pidió a Zapatero que hiciera ninguna gestión concreta, con unos o con otros. Ni con Siria, ni tampoco con las autoridades israelíes, a quienes ni siquiera el propio Obama ha podido convencer todavía para que congelen la expansión de los asentamientos. La Casa Blanca tiene muchas más esperanzas en lo que está haciendo George Mitchell, su enviado especial a la zona.
Y, por supuesto, no hubo lugar para hablar sobre la vieja aspiración española de acoger una nueva Conferencia de Paz en Madrid. Es algo que aún queda lejos y hasta Exteriores, que en los últimos años programaba en su presupuesto 500.000 euros por si acaso, los ha reducido para el próximo a sólo 50.000.
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