Fernández Mallo cierra su alimenticia y nutritiva trilogía narrativa
El escritor Agustín Fernández Mallo /EFE
Actualizado Jueves, 15-10-09 a las 19:56
Leche, cacao, avellanas y azúcar, nocilla qué merendilla. La merendilla (bueno, mejor comidilla) literaria de los últimos años, las tres novelas de Agustín Fernández Mallo (“Nocilla dream”, “Nocilla Experience”, y “Nocilla Lab”, recién untada, editadas por Alfaguara) que han nutrido y alimentado la más vibrante narrativa española reciente.

La alimenticia trilogía llega a su fin después de que el poeta y novelista Fernández Mallo haya vertido en ellas la correspondiente leche (mala, en ocasiones, pero no agria); el cacao (su prosa es energética, no cabe duda); las avellanas (las crudas de la cultura “culta”, las tostadas de la cultura popular); y el azúcar (el dulce del aliento poético que sopla sobre sus párrafos).

Cierre de un ciclo que el escritor “saborea con clarísima satisfacción, no siento que me haya quitado un peso encima ni mucho menos. De hecho este peso ya lo voy a llevar para siempre”, y hasta bastante “sorprendido por la buena acogida de crítica y público, porque nunca pensé que unas novelas tan peculiares, por decirlo así, pudieran ser tan bien recibidas”.

Un producto popularAdemás del ingenioso y atinado uso de una palabra que remite a un producto tan popular, al que Fernández Mallo no da demasiada importancia (“por muchas palabras ocurrentes que pongas, si la novela no funciona y no gusta…”), las páginas de esta tercera entrega más que leerse se aspiran (no, no diremos que como pegamento), y llegan rápida y sustanciosamente al sistema nervioso del lector, contagiado del entusiasmo narrativo de su autor, quien asegura que “siempre hay un esfuerzo, por supuesto, pero no puedo negar que me he divertido mucho escribiéndolas, quizá porque no sabía lo que iba a hacer, sino que lo he ido descubriendo poco a poco, como el lector”.

De momento, otras marcas tendrán que esperar (aunque “Nocilla Lab”, se sumerja en mares de Coca-Cola, por ejemplo) ya que Agustín Fernández Mallo no tiene de momento “ningún proyecto narrativo en ciernes, "escribo cuando me apetece, y es algo que no me preocupa, a lo mejor no vuelvo a escribir nunca una novela y no pasará nada…”. Rebanadas de nocilla comparten páginas con la física y la metafísica, con Austen y “La música del azar”, con Octavio Paz y “El mono gramático”, con Las Vegas, el Mediterráneo, el Extremo Oriente, la sombra de la música pop sustanciada en la funda rígida de una mítica guitarra, la Gibson Les Paul, Deleuze y Guattari, el cómic, el atracón de Chernobyl… páginas de un creador para el que apenas si existen límites y lindes entre cultura de masas y cultura intelectual: “Yo soy así, como creo que lo es todo el mundo, lo que pasa es que a veces al escribir parece como que tendemos a escamotearlo, pero todo el mundo tiene en su vida componentes de alta y baja cultura”.

Pero no se asuste el lector, porque lo que podría ser empanada (gallega, que al fin y al cabo Fernández Mallo es coruñés del 67), se convierte en esta “Nocilla Lab” en nueva, novísima cocina literaria al echar mano de dos magníficos ingredientes de toda la vida: la física (Mallo es licenciado en Ciencias Fïsicas), que le vale para “establecer metáforas entre fenómenos científicos y la vida más cotidiana y escribir sintética y concentradamente”, y la poesía (su natural actividad literaria), poesía sin la que “no puedo concebir mis novelas, sin el pulso poético que hay en ellas, en mi fuero interno mis novelas son como poemas, tal vec el lector no lo perciba así, pero yo sí”. “Nocilla dream", "experience" y "lab", una trilogía que Fernández Mallo acaba de cerrar, pero que deja con ganas, con hambre de más.

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