El poeta y editor muestra la cara oculta del país con más libros y escritores del mundo. «Una economía abierta no lleva a la democracia»

R. V. Bei Ling, ayer, en el «rincón de los apestados» de la feria, el Chinese Writers Point
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La delegación china no iba a invitar a Bei Ling: no existe para ellos, como decenas de autores apresados. Eran la Feria y el Simposio sobre Libertad de Expresión quienes invitaban. Hasta que lo desinvitaron. «Se excusaron, que los chinos estaban indignadísimos, pero que podrían controlarlo». No pudieron ante el gigante y Bei Ling ha sido el convidado non grato más buscado de los últimos días.
El crímen por el que fue a la cárcel y lleva exiliado 9 años es haber publicado una revista literaria. «No se trata de qué publicas, que aún podría ser peor, sino el hecho mismo de editar fuera del partido». China se moderniza y se enriquece más de lo que en realidad se abre, «no confundirse». La responsable federal alemana para las artes, Regine Möbius, recuerda que «expresarse es un acto individual de libertad y la base de la dictadura es la desaparición del individuo en el todo. Lo sé. Soy de la Alemania socialista». Lo confirma el secretario del PEN Club iugur, Kaiser Öz Hun, exiliado en Suecia y cuya región está cortada del mundo por internet desde primavera.
Sobre esa desaparición habla la nueva Premio Nobel, Herta Müller, al diario Die Zeit, «por mí y mis amigos víctimas del comunismo, me alegro de que un premio reconozca una literatura cuyo principal cometido ha sido mostrar como la dictadura busca siempre la aniquilación del individuo». De ello escribió en la cárcel el dramaturgo checo Václav Havel, quien inspiró a Bei Ling su proyecto editorial libre. El otro faro ha sido Susan Sontag, que se batió ante la secretaria de Estado Madeleine Albright para que Washington forzara a Pekín a liberarlo. Desde el 2000 vive en el exilio de Taiwan y EE.UU.
¿Hay pues que invitar a China? La Feria, los JJ.OO. «tienen su lado bueno y malo. Abren un poco a China, pero hacia dentro son pura propaganda sobre la grandeza del partido». Es la nueva superpotencia del partido: «Dicen que pronto podrán comprarse el mundo y a la gente le encanta». Por ponerlo en duda con un escándalo sobre la insalubridad alimentaria, el reportero Zhou Qing ha sido «declarado persona non grata» y perseguido a la vez que premiado fuera: «Una ley garantiza la libre expresión de todos, pero gozar de ella implica que estés en el partido».
Dirk Sager dirige el PEN en Alemania y critica el nacionalismo represivo: «Cinco mil años de cultura buscan suprimir la situación presente. Y Alemania sabe a qué conduce suprimir voces». En los últimos meses han sido detenidos 12 escritores y periodistas, 50 que se encuentran ahora en prisiones «que son campos de trabajo».
«Desde 1949 no hemos tenido libertad cultural», dice Öz Hun, recordando a su colega Nurmuhemmet Yasin, «condenado a 11 años por su libro «Wild Pigeon»» sobre los iugures. En China hay millones de móviles e internet, el joven escritor Han Han tiene un blog que es una institución, «pero si menciona «partido» o «Tiananmen», los hackers de la policía caen sobre él, te bloquean y cambian lo que quieren».
Ling habla de la «zona gris» en la que se «venden números ISBN para editar, pero publicar algo no censurado es gravísimo para el estado». Y pasar por censura significa aceptar «hasta la imposición del título». Una de las obras proscritas de Bei Ling se llama «Literatura y fragilidad». Hoy «se puede abrir cualquier empresa, pero nadie se atreve a editar, es arriesgadísimo».
El académico expulsado Liu Junning dice: «Llevamos 30 años de reformas pero ni un paso hacia la democracia constitucional». La nueva riqueza, la liberación sexual y el nacionalismo juvenil castrarían «a la nueva generación de toda actitud política», agrega Bei Ling, «yo no existo para ellos». Y advierte del recrudecimiento: «Hoy está prohibido hablar de la Revolución Cultural. Una economía abierta no lleva necesariamente a la democracia».



