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La estrategia que diseñaban los cabecillas desde «Bateragune» -«comisión de dirección» que iba a sustituir a la «mesa nacional»- tenía, entre otros objetivos, perfilar nuevas argucias para poder presentarse en las próximas elecciones municipales y forales de 2011 y, también, reactivar el «definitivo proceso de paz» con la pretensión de imponer un «estado independiente vasco».
Los restos de Batasuna están más que preocupados por la situación de aislamiento en la que se encuentra la «izquierda abertzale» sumisa a ETA, porque temen que la otra, la «izquierda abertzale sin pistolas» que lidera Aralar, acabe por comerle el terreno. De hecho, el partido de Patxi Zabaleta ya ha ocupado el espacio de la coalición ilegal en dos instituciones claves: los parlamentos del País Vasco y Navarra, y se dispone a hacer lo propio en los ayuntamientos que ahora usurpa ANV, una vez que los comicios de 2011 restituyan la normalidad democrática.
Por ello, Otegi, Díez Usabiaga y demás integrantes de «Bateragune» consideraban imprescindible para su supervivencia poder presentarse a las próximas elecciones municipales con siglas propias. Constatan, según las fuentes de la lucha antiterrorista consultadas por ABC, que, de no hacerlo, sería «el principio del fin de la izquierda abertzale». De hecho, los cabecillas «batasunkides» estudiaban camuflarse bajo unas nuevas siglas que sustituyeran a la caduca Batasuna. Pero, al parecer, de la documentación que manejaban los nuevos integrantes de la «mesa nacional» se desprende que estaban muy lejos de condenar la actividad terrorista, siguiendo así las consignas dictadas por ETA, que zanjó de esta manera un debate interno en el que los más pragmáticos proponían que se relegara la «lucha armada» y se diera prioridad a la «lucha política» para facilitar la vuelta de los proetarras al ámbito de las instituciones.
Corregir errores
Otro de los objetivos de la estrategia que perfilaba «Bateragune» se orientaba a asentar las bases para abrir un «nuevo proceso de paz», que los «batasunkides» calificaban de «definitivo», cara a provocar la ilusión de las ahora desanimadas bases batasunas. Se parte de la «hoja de ruta» que supuso la «oferta de Anoeta», pero con nuevas aportaciones para corregir errores detectados en el «proceso de paz» anterior, cuando se abusó, en su opinión, de los «ultimatums» lanzados al Ejecutivo de Rodríguez Zapatero.
Para reforzar este objetivo, la actual estrategia de los restos de Batasuna pasa por la constitución de un «polo soberanista» que estaría integrado también con los restos de EA, las bases de Aralar y los descontentos del PNV. Los planes de «Bateragune» pasaban por intensificar la ronda de encuentros con sectores nacionalistas y reactivar iniciativas como la «mesa de Amélzaga» o el Foro de Debate Nacional.
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