Insinúa que enviará más guardias civiles a Afganistán pero no precisa si son los anunciados ya en Estrasburgo
Lo que tarda un presidente español en visitar la Casa Blanca
212 días
Adolfo Suárez se reunió con Jimmy Carter en la Casa Blanca el 14 de enero de 1980, 212 días después de haber sido elegido presidente del Gobierno en las primeras elecciones democráticas de España, que se celebraron el 15 de junio de 1977. No obstante, dos meses y medio antes de los comicios Suárez ya se había entrevistado con Carter en Washington. El primer presidente de la democracia visitó la Casa Blanca en dos ocasiones.
234 días
Felipe González realiza su primera visita a la Casa Blanca el 20 de junio de 1983, 234 días después de ser elegido presidente del Gobierno. González acude a Washington invitado por Ronald Reagan tras su victoria en las elecciones del 28 de octubre de 1982. Durante sus mandatos visitó cinco veces la Casa Blanca: una con Reagan, tres con George Bush (1989, 1990 y 1992) y una con Bill Clinton (1994).
420 días
José María Aznar fue recibido en la Casa Blanca el 28 de abril de 1997, más de un año después de su elección como presidente del Gobierno (el 3 de marzo de 2006). Aznar aterrizaba en Washington tras ser invitado por el expresidente estadounidense Bill Clinton. Con posterioridad a esa visita, ambos volverían a coincidir en 1999. A partir de 2001, y hasta enero de 2004, Aznar se reuniría con George Bush en siete ocasiones.
2.025 días
La visita del presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, se ha producido más de 2.000 días después del 14 de marzo de 2004, cuando el PSOE ganó las elecciones generales. Hasta la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, en enero de este año, el mandato de Zapatero había coincidido íntegramente con el de George Bush, que nunca le quiso recibir en Washington, aunque sí se cruzaron en distintas ocasiones.
Miércoles, 14-10-09
La amistad de España y Estados Unidos es «fundamental para el bienestar de millones y millones de personas en todo el mundo». Semejante declaración de intenciones fue lanzada desde el Capitolio a primera hora de ayer por José Luis Rodríguez Zapatero poco antes de verse con Barack Obama. Dejaba así claro su interés por borrar aquella imagen sentado al paso de la bandera estadounidense durante el desfile del 12 de octubre de 2003, en protesta por la guerra de Irak.
Por más que lo ha intentado en estos cinco años, sucesivos episodios como la sorpresiva retirada de Kosovo —criticada por el embajador en España de la nueva era Obama, Alan Solomont— han venido reavivando el cliché antiamericanista del Gobierno a este lado del Atlántico. De hecho, Barack Obama eludió España en sus primeras giras europeas y ha tardado casi un año en recibir a Zapatero en la Casa Blanca. El presidente estadounidense y el jefe del Ejecutivo se centraron ayer en Economía y Oriente Próximo. Sobre lo primero acordaron la creación de un «foro de inversión bilateral» que permita encauzar unas relaciones que hacen de EE.UU. el primer inversor en España y de ésta como el tercero en Estados Unidos. Obama envió meses atrás a su secretario de Transportes a visitar el AVE como modelo y suele citar a España como ejemplo de energías renovables. Ayer, Obama insistió en ello y, por las sonrisas y gestos de complicidad que hizo evidentes ante los periodistas —habló de mejorar una relación «de siglos» y departió a solas con Zapatero al inicio y cuando le despidió—, dio la sensación de haber recogido el guante de socio preferente que pretende el mandatario español. Eso sí, sin confirmar que acogerá a dos ex presos de Guantánamo, como habían anunciado fuentes gubernamentales.
Una relación que se va a consolidar, según dijeron ambos, en el escenario de Oriente Próximo. De hecho afirmaron que «hablamos a fondo» sobre ello. No obstante, a la hora de elegir los gestos de la visita, Obama optó por un formato menos solemne. Nada de rueda de prensa en el «Rose garden», como sí hizo con Angela Merkel y otros de menor relevancia como el iraquí, Nouri al-Maliki y el surcoreano Lee Myung Bak, aunque es cierto que con el italiano Silvio Berlusconi y el británico Gordon Brown usó también el formato de posar delante de la chimenea del Despacho Oval, como con Zapatero.
En su comparecencia ante los medios de comunicación, Zapatero explicó que se había comprometido a hacer el «máximo esfuerzo» en Afganistán, que se concretaría no en el envío de más tropas sino de guardias civiles. Esa decisión ya fue anunciada en Estrasburgo, donde explicó que se enviaría a 40 agentes del Instituto Armado para formar a las Fuerzas de Seguridad de ese país. Los 20 primeros, podrían salir de España en torno a final de año. Fuentes de Moncloa admitían anoche no saber si acababa de anunciar un esfuerzo suplementario del que nadie tenía noticia, o bien había presentado como novedad algo ya sabido.
El jefe del Ejecutivo fue recibido por la jefa de protocolo en la mítica «ala oeste» de la Casa Blanca. Luego, los dos líderes estuvieron reunidos a solas durante unos minutos y posteriormente, tras una breve comparecencia ante los periodistas, se les unieron sus respectivas delegaciones en un almuerzo de trabajo. Por parte española, asistieron siete miembros, entre ellos el ministro de Exteriores, Miguel Angel Moratinos; el secretario general de la Presidencia, Bernardino León; y el subdirector del gabinete de la Presidencia, José Miguel Vidal Zapatero, primo del presidente.
Zapatero ya había estado obsequioso en el Capitolio con la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, acordándose de los padres fundadores de «esta gran nación» y adoptando, por momentos, ribetes del tradicional lenguaje estadounidense. Como cuando habló de «aislar el terrorismo radical» y «asegurar» Afganistán y Pakistán, en lugar de su recurrente apelación a la misión «humanitaria y de reconstrucción» española en los PRT de la OTAN desplegados en la zona. No faltó una dedicatoria en el libro de honor del Capitolio: «Con toda mi amistad, respeto y afecto por el pueblo de los EE.UU.».


