Martes, 13-10-09
UN año más, la celebración de la Fiesta Nacional ha tenido como centro y eje el desfile de las Fuerzas Armadas en Madrid, seguido por la tradicional recepción ofrecida en el Palacio Real por Sus Majestades los Reyes. A pesar de los recortes presupuestarios, que alcanzan incluso a esta emblemática parada militar, la presencia de nuestros soldados -en número superior a 4.200- congregó a muchos miles de personas que aplaudieron con entusiasmo a los diferentes cuerpos y unidades en señal de reconocimiento por su labor. En efecto, el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire cumplen de forma ejemplar las funciones que les encomienda la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico, bajo el mando supremo del Jefe del Estado. La relación de afecto y proximidad entre las Fuerzas Armadas y los ciudadanos tiene su fundamento en la convicción de que aquéllas actúan al servicio del interés general de España. Este año, la conmemoración del vigésimo aniversario de las misiones en el exterior ha permitido demostrar una vez más que los españoles están legítimamente orgullosos de la eficacia y profesionalidad de los Ejércitos, comparable -a veces con ventaja- a la de nuestros socios y aliados en dichas misiones. La sociedad es consciente de que las operaciones desarrolladas en lugares tan conflictivos como Afganistán no pueden calificarse con el eufemismo de actividades «humanitarias», por mucho que se empeñe la retórica gubernamental. Así lo acredita la relación de soldados que han perdido la vida en actos de servicio, muchos de ellos heroicos, el último de los cuales se produjo hace apenas unos días.
Sin embargo, el elogio popular hacia las Fuerzas Armadas contrastó ayer una vez más con los abucheos a Rodríguez Zapatero y a otros miembros del Ejecutivo, este año más generalizados e intensos que en ocasiones anteriores. Se trata de un fiel reflejo del estado de ánimo que provoca en muchos sectores la ineficacia del Gobierno y la sensación de que el presidente da prioridad al oportunismo partidista sobre las necesidades reales de los ciudadanos. Las encuestas reflejan de forma unánime que el Ejecutivo cae en picado en la valoración social, mientras el PSOE pretende salir adelante a base de ocurrencias incongruentes y operaciones de imagen. No es razonable, por tanto, descalificar a quienes expresan ruidosamente un clima de opinión muy extendido, puesto que el Gobierno no está a la altura de las circunstancias y ha perdido la sintonía con una gran mayoría social. El presidente puede consolarse si lo prefiere afirmando que los silbidos forman parte de un «rito» anual con motivo del desfile. Sin embargo, sería mejor que fuera consciente de que existen muchos motivos para ese malestar ampliamente difundido. Por lo demás, los protagonistas de la Fiesta Nacional fueron como siempre el pueblo y los Ejércitos, cuya sintonía es fiel reflejo de la satisfacción social hacia quienes defienden a España en todas las circunstancias. La brillantez de los actos oficiales fue la mejor expresión de una fiesta de todos y para todos, que no puede empañar algunas ausencias poco justificadas ni las coyunturas políticas concretas.

