Valoración:
El nuevo tiempo político del País Vasco tuvo ayer su reflejo en Madrid. Por primera vez, un miembro del Gobierno vasco, el consejero de Interior, Rodolfo Ares, asistió al desfile militar, junto a Arantza Quiroga
El País Vasco ya desfila en Madrid
Ser ayer periodista y querer hacer una información de ambiente sobre lo que se cocía en las tribunas políticas del desfile militar del 12 de octubre, era una tarea prácticamente imposible. El nuevo formato y ubicación retiraron de un plumazo las tribunas que acogían, principalmente, a la familia militar, y, de pasó, no llegaron a ser tan drásticos pero casi, mandaron a los medios de comunicación a una esquina en la que, poder ver algo, era una odisea. Pero ese lugar, alejado del foco de la información permitió hacer un seguimiento de la principal novedad del desfile, por lo que representa de símbolo de normalidad democrática en el País Vasco: la presencia en la tribuna de invitados, por primera vez, de un representante del Gobierno vasco, el consejero de Interior, Rodolfo Ares, junto a la presidenta del Parlamento, Arantza Quiroga.
La única visión medianamente cercana para los medios de comunicación era la tribuna donde se sentaban los presidentes autonómicos. Lo demás, imposible. Por ello, los representantes del País Vasco suscitaron una gran atención, sobre todo la actitud participativa de Arantza Quiroga que no dudó en aplaudir a la Guardia Civil. Una actitud que mantuvieron los familiares de los militares y guardias civiles muertos en el último año, situados junto a los presidentes autonómicos, que aplaudieron a rabiar.
Entusiasmo
La cercanía a esta tribuna también permitió ver cómo la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre,saludaba a cada uno de los diez presidentes autonómicos (ocho más los de Ceuta y Melilla) y cómo el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, se fundía en un abrazo con el gallego Alberto Núñez Feijóo. Tampoco pasó inadvertido el entusiasmo con el que el presidente de Melilla, Juan José Imbroda, recibió al Grupo de Regulares de la Ciudad autónoma, en pie y con aplausos.
Aunque la mayoría de los detalles pasaron desapercibidos para los medios de comunicación, algunos no tanto, como el cuidado que tuvo la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas, en coincidir lo justo con la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, no vaya a ser que, como hace dos años, la pillaran en plena conversación, algo subida de tono, con la vicepresidenta. Quizá por eso decidió esperar la llegada de Sus Majestades los Reyes hablando con el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos, y la ministra de Economía, Elena Salgado.
El presidente del PP, Mariano Rajoy, se situó junto a su mujer, Elvira Fernández, y otros representantes de su partido, como la portavoz parlamentaria Soraya Sáenz de Santamaría, y la de Defensa, Beatriz Rodríguez Salmones. Tampoco falto el portavoz socialista José Antonio Alonso.
Sin megafonía
Pero a los medios de comunicación no sólo se les privó de ver, sino también de oir, porque la megafonía no llegaba a la zona, donde también se encontraba una gran parte del público. Nadie sabía cuándo llegaban las autoridades, pero el público, que venía caliente, nada más ver la llegada de coches oficiales, comenzó a abuchear. La primera que sufrió la pitada fue María Teresa Fernández de la Vega. Y es que, la decisión de quitar las tribunas de invitados, acercó tanto al público a la tribuna principal que, aunque no oyera, podía ver mucho mejor a las autoridades. Por ello, la pitada este año fue mucho mayor. El nuevo diseño del desfile privó a Su Majestad el Rey de ver completa la parada aérea. Hubo un momento en que, al superponerse con el terrestre, le era imposible seguir los dos.
De este experimento se libró el nuevo embajador de Estados Unidos en España, Alan Salomon, que no asistió porque todavía su nombramiento no es oficial.
Valoración:

Enviar a:

¿qué es esto?