
ABC El prelado Juan José Aguirre, en un acto en su diócesis de Centroáfrica junto a una mujer autóctona
Martes, 13-10-09
Corren tiempos de zozobra en Bangassou, donde el prelado cordobés Juan José Aguirre ejerce su ministerio asediado ahora por más peligros que nunca. La amenaza tiene un nombre, Ejército de Liberación del Señor, una fuerza paramilitar expulsada de Uganda y que desde hace más de un año y medio se ha instalado en el Congo, justo en la frontera con la República Centroafricana.
En este último país, al que Aguirre entrega sus desvelos en pro de la evangelización y de la mejora de las condiciones de vida, campa desde marzo de 2008 el miedo a que la población sea víctima de los estragos de la siniestra banda armada que ya ha obligado al obispo nacido en Córdoba a tomar medidas.
«Hace poco decidió trasladar a una comunidad de religiosas, de las que era responsable, porque vivía en la zona de Obo, muy cerca de la frontera con el Congo», relata Miguel Aguirre, hermano del obispo y presidente de la Fundación Bangassou.
«A las monjas las ha tenido que reubicar más cerca de Bangassou, para evitar en lo posible que sean presa de las fechorías del Ejército de Liberación del Señor que dirige Joseph Koni», añade Aguirre.
Lo cierto es que los precedentes no son nada tranquilizadores, sino al contrario. El episodio más grave, relata el doctor Miguel Aguirre, aconteció en marzo del año pasado, cuando estos mercenarios cruzaron por primera vez el río Ubangi, que hace de frontera entre el Congo y la República Centroafricana, llegaron hasta la República Centroafricana, «donde hicieron una sarracina, y se llevaron a más sesenta personas del entorno de la comunidad religiosa de monseñor Aguirre después de cometer un pillaje intenso», relata el presidente de la Fundación Bangassou.
«De los secuestrados, sólo dos han vuelto. Uno de ellos es una chica que ha sido recogida por monseñor Aguirre para intentar recuperarla un poco», indica el portavoz de la asociación.
Esclavitud
«El resto no ha vuelto: los hombres son empleados como mano de obra gratuita, y al principio los utilizaron para transportar todo lo que habían saqueado, mientras que las mujeres son obligadas a ejercer como esclavas sexuales para satisfacer los apetitos sexuales de los miembros del Ejército».
El problema es que, a pesar de el redoble del contingente militar para evitar incursiones de los hombres de Joseph Koni, este verano se ha recrudecido la situación de pillaje y de inseguridad en la zona cercana a Bangassou.
«Está siendo muy difícil acabar con esas matanzas selectivas», indica Miguel Aguirre, que recuerda que su hermano Juan José se quejó de que las autoridades españolas no se preocuparan por el rescate de los secuestrados de su comunidad en marzo de 2008, pero sí pusiera interés en el pago de 600.000 euros para recuperar, pocos días después, a los marineros de del atunero Playa de Bakio apresados en aguas territoriales de Somalia.
«Realmente, a él le parece un agravio que para unos se movilicen tantos recursos pero para otros los gobiernos no hagan nada», explicó ayer Miguel Aguirre.


