«La misión internacional en Afganistán se desarrolla en un escenario que no es de guerra convencional, pero sí de violencia generalizada, de gran riesgo, de ataques frecuentes de la insurgencia»

-Hoy, que se celebra el gran desfile de las Fuerzas Armadas, ¿cree la ministra que gozan nuestros militares de una plena sintonía con la sociedad civil?
-La compenetración entre Fuerzas Armadas y sociedad española nunca ha sido tan elevada como en este momento. Y no es una opinión puramente personal: hay múltiples estudios de opinión que demuestran que las FAS son la institución que mejor valoran ahora mismo los españoles.
-Tras la muerte del cabo Cabello, ¿está la sociedad española concienciada y preparada para recibir, por duro que suene, ataúdes de soldados (es evidente que los militares están dispuestos a morir, pero quizá la sociedad no esté preparada)?
-Todas las sociedades, no sólo la española, se conmueven con la pérdida de personas jóvenes, generosas y llenas de vida. Ese desgarro también lo sienten sus compañeros y se sobreponen a él por su espíritu de sacrificio y por su convicción. Y la labor de explicar a la sociedad las razones del riesgo al que se exponen nuestros soldados le corresponde al Gobierno y me esmero por llevarla a cabo cada vez que tengo oportunidad. También la oposición, en todas sus manifestaciones, tiene la obligación de practicar una política de unidad en asuntos que afectan a la vida de nuestros militares y evitar debates estériles que desconciertan a la opinión pública. Eso sí, ejerciendo la labor de control al Gobierno que le corresponde. Por último, los medios de comunicación tienen también una importante función en esa pedagogía.
-La muerte del cabo Cabello ha devuelto a la actualidad la seguridad de nuestro contingente en Afganistán. ¿Están nuestros blindados obsoletos? ¿Cuándo van a llegar los nuevos especialmente preparados contra la acción de las minas?
-La seguridad de nuestras tropas desplegadas en operaciones en el exterior es la prioridad del Gobierno y, en particular, la del Ministerio de Defensa. Ya desde la legislatura anterior, todos los vehículos desplegados en zona de operaciones cuentan con inhibidores de frecuencia, que impiden el uso de dispositivos activados por control remoto. Los BMR han sido objeto de un amplio proceso de modernización, en el que se ha reforzado especialmente el blindaje. Pero también hemos aumentado la seguridad desplegando aviones no tripulados para mejorar la inteligencia... Además, el Estado Mayor trabaja de forma incansable en otro tipo de factores clave para la seguridad de las tropas (ésta no sólo depende de los medios materiales) como los procedimientos, las tácticas... Lo tenemos muy claro. La prioridad en nuestras misiones se resume en seguridad, seguridad y seguridad. Pero siguiendo con los medios materiales, ya hemos desplegado en Afganistán 95 vehículos «Lince» y el próximo 28 de octubre comenzaremos a desplegar los primeros blindados RG-31, hasta completar un total de 49 unidades en los próximos meses. Así como el anterior Gobierno del PP decidió no invertir ni un euro en ninguno de los 8 años en que gobernó en adquisición de nuevos blindados, para el Gobierno de Zapatero ha sido una prioridad.
-En la agenda de la entrevista entre Obama y Zapatero se va a tratar del futuro de la misión internacional en Afganistán. Hace unos días Rubalcaba hablaba de la complejidad de la situación en ese país y del peligro que corren las tropas desplazadas allí. ¿Cuál va a ser la postura del Gobierno cuando se siente a hablar con Estados Unidos?
-Hace tiempo que reclamamos una nueva estrategia que enmiende errores pasados y que nos permita alcanzar cuanto antes el objetivo de la misión: que los afganos se hagan con las riendas de su propio país. Que sus autoridades asuman su propia seguridad. El cambio político en Estados Unidos, la llegada de Obama, constituye una gran oportunidad para ello. EE. UU. ya asume que la estrategia para Afganistán no puede ser sólo militar, sino que es política y social. Nuestro trabajo depende en gran medida de la percepción que los afganos tengan del mismo y la mejora en su bienestar es clave para ello. Tanto las declaraciones de Obama como las del responsable militar de la misión, el general Mc Chrystal, van en esa dirección.
-¿Por qué se resiste el Gobierno a definir como guerra el conflicto de Afganistán, cuando tanto la misión de la ISAF como la operación «Libertad Duradera» la denominan así?
-Esta es justamente una de esas cuestiones en las que los medios de comunicación pueden desempeñar un papel de clarificación importante. Lo primero, para diferenciar dos cosas: la primera es ¿cómo llamamos a la situación de enfrentamiento que se vive en Afganistán? La segunda, ¿cuál es la naturaleza de la misión que tienen encomendadas nuestra tropas? Empiezo por la segunda. La naturaleza de nuestra misión en Afganistán no la define el Gobierno español, como tampoco la definen los otros 41 países que participan en ISAF bajo el mando de la OTAN. Quedó definida por Naciones Unidas cuando se aprobó y el Gobierno de Aznar se adhirió, por cierto con nuestro apoyo. Esa misión tiene por objeto la «estabilización, desarrollo y reconstrucción del país», cito literalmente. Ahora bien, esa tarea se desarrolla en un escenario que no es de guerra convencional, pero sí de violencia generalizada, de gran riesgo, de ataques frecuentes de la insurgencia. En esas condiciones deben trabajar nuestros militares y en esas condiciones trabajan admirablemente. Pero esto no es nuevo. Si repasa el historial de las misiones de imposición de la paz (así las denomina la ONU) que han desarrollado nuestras FAS en dos décadas comprobará algo elemental: siempre han ido a llevar seguridad y paz a lugares donde la seguridad y la paz no existían. A nadie se le ocurre enviar cascos azules allí donde ya existe seguridad y paz. Es de sentido común. Jugar a los trabalenguas con algo tan esencial me parece poco responsable. Y también en esto la labor de explicación que pueden desempeñar los medios me parece capital.
-En la guerra de Afganistán, la OTAN se juega su futuro y su prestigio mundial. ¿Comparte la afirmación de que en Afganistán la OTAN sólo tiene una alternativa: ganar o ganar?
-Es evidente que no sólo la OTAN sino la ONU y el mundo entero no pueden permitirse que Afganistán vuelva a caer en manos de quienes dieron amparo a la oleada de terror que sacudió el planeta y que llegó a nuestras calles. Por eso repito siempre que nuestros militares están trabajando por la reconstrucción de Afganistán y a la vez por la seguridad de nuestras familias. Esa es la diferencia entre la intervención en Irak y en Afganistán: la primera fue ilegal y no atajaba ninguna amenaza real para la seguridad mundial. En Afganistán sí existía una amenaza real para la seguridad de todos y la intervención tiene el amparo legal de Naciones Unidas.
-¿No considera que es una equivocación estratégica anticipar al enemigo, en este caso los talibanes, que pueda haber una retirada a medio plazo?
-Considero que es esencial para el éxito de la misión que los afganos sepan que no soportan una ocupación indefinida de tipo colonial. Que la presencia de tropas internacionales en su país tendrá un fin y que no está dirigida a privarles de su autogobierno sino a permitirles que se doten de instituciones sólidas y de unas Fuerzas de Seguridad. Por eso simpatizamos con la propuesta de varias naciones europeas de fijar objetivos e hitos temporales para culminar la operación.
-¿Los recortes presupuestarios en Defensa afectarán a las misiones en el extranjero y la modernización del armamento?
-En ningún caso. Los presupuestos de Defensa para 2010 garantizan plenamente la operatividad de nuestras Fuerzas Armadas. Garantizan todo aquello que tiene que ver con la preparación de la Fuerza y, por encima de todo, con la seguridad de nuestros militares. Además, el gasto de las misiones en el exterior se financia con cargo a una partida del presupuesto que es ampliable e independiente del presupuesto del Departamento.
—¿Teme que el paso del tiempo sin la liberación de los tripulantes del «Alakrana» ponga en riesgo sus vidas?
—Estamos trabajando en todas las opciones y con todos los medios. Y nuestro objetivo primordial es lograr la libertad de los tripulantes sanos y salvos.
—¿Va a permitir el Gobierno que las tripulaciones de los atuneros puedan disponer de agentes de seguridad privada con armas de largo alcance?
—El Índico es el mar más inseguro del mundo, según Naciones Unidas. La «operación Atalanta», que promovió España en primera línea, es una gran contribución para dar más seguridad al tráfico marítimo en la zona; pero más seguridad no significa seguridad total. Los empresarios que deciden acudir a pescar a esas aguas deben dotarse de seguridad suplementaria. En Francia, que tiene bases y miles de militares desplegados en la zona, han optado por embarcar «marines» en algunos buques y faenar de dos en dos. Los demás países que faenamos en esas aguas recomendamos seguridad privada. Por razones legales (aquí no es legal embarcar militares para proteger barcos privados) y por razones operativas, porque el Estado Mayor opina que esa solución es insostenible. No sólo hemos dado facilidades para que los atuneros puedan embarcar agentes con armas de largo alcance, sino que lo recomendamos y también equipar los barcos con protección suplementaria como mangueras de gran presión, sirenas, focos o alambradas. Y también que no se alejen de las posiciones que acuerdan con la «operación Atalanta». Y estamos dispuestos a cofinanciar la seguridad privada junto con el gobierno vasco. Pero son los empresarios quienes deben tomar conciencia de que si deciden acudir a los caladeros más peligrosos y rentables del mundo, deben dotarse de una seguridad máxima para que sus empleados no corran riesgos innecesarios.




