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Actualizado Domingo, 11-10-09 a las 22:25
“La operación ha sido un éxito”. Así quiso poner el punto el final el general Athar Abbas, portavoz militar, a casi veinticuatro horas de máxima tensión en Pakistán tras la toma de 42 rehenes por parte de un comando yihadista en el cuartel general del Ejército en Rawalpindi.
Un éxito en tela de juicio ya que los insurgentes lograron golpear en el que estaba considerado como el lugar más seguro de todo Pakistán. El ataque empezó el sábado pasadas las once de la mañana y las fuerzas de seguridad no pudieron recuperar el control del lugar hasta que a primera hora de la mañana de hoy las fuerzas especiales se emplearon a fondo. Casi veinticuatro horas y diecinueve muertos después, Rawalpindi recuperó la normalidad y se levantó el estado de alerta en el país.
Una furgoneta con distintivos militares con nueve terroristas uniformados en su interior logró superar los distintos puestos de control hasta aproximarse al acceso principal del cuartel general en el que se inició un tiroteo con los encargados de la seguridad. Seis miembros del personal de seguridad y cuatro militantes perdieron la vida, pero otros cinco lograron su objetivo y tras penetrar en las dependencias se hicieron con un grupo de 42 rehenes. Un jaque talibán en toda regla a las fuerzas armadas del país tan sólo unas horas después del anuncio del ministro de Interior, Rehman Malik, anunciando una próxima gran ofensiva contra la agencia tribal de Waziristán del Sur.
A las seis de la mañana del domingo se pudieron escuchar varias explosiones y posteriormente el Ejército informó del fin del secuestro. En este último asalto cinco rehenes y cuatro secuestradores murieron, según la información militar que fue la única fuente disponible ya que se prohibió el acceso de la prensa a la zona e incluso durante varias horas se cortó la emisión del principal canal de noticia del país, Geo. Uno de los asaltantes identificado como Aqeel fue capturado y las fuerzas de seguridad aseguraron que se trataba del líder del grupo.
Oleada de terror
Esta operación yihadista fue el epílogo a una semana sangrienta marcada por atentados suicidas en Islamabad y Peshawar. El primero contra una agencia de Naciones Unidas y el segundo cerca de un mercado local y con un saldo de cincuenta muertos, el más sangriento de los últimos siete meses. Pese a la fuerte ofensiva militar contra los talibanes en el valle del Swat, calificada también de exitosa por las autoridades, y a la muerte del líder del movimiento radical Baitulá Mehsud tras el ataque de un avión no tripulado americano, la insurgencia sigue demostrando su capacidad de golpear una y otra vez.
El mundo mira a Pakistán como una de las claves para intentar controlar la situación en el vecino Afganistán. Desde Londres, la secretaria de estado estadounidense, Hillary Clinton, declaró que los talibanes “aumentan su amenaza sobre la autoridad del estado”, pero aseguró no tener “evidencias de que puedan hacerse con él”.
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