Nobles, empresarios y ex deportistas, un variopinto elenco, deciden la sede de los Juegos Olímpicos y se convierten en reyes por un día frente a Obama, Lula o Zapatero. El presidente del COI, Jacques Rogge, asumió el «modelo Samaranch» y elige a dedo a 61 de los 106 componentes de la Asamblea

Actualizado Domingo, 11-10-09 a las 06:00
La séptima planta del Hotel Marriot en Copenhague -una mole de cristal y hormigón, vistas excelsas al canal, buzos que velan por la seguridad, nubes pétreas en el cielo, ciclistas diseminados sin estrés por una ciudad maravillosa- retrata un microcosmos de excepción. Los principales líderes del planeta, políticos, reyes y jefes de estado que mueven el destino de millones de personas, buscan por las salas de reuniones, la cafetería y los pasillos una cita a la desesperada con personas de nombre y apellido anónimos y que, a duras penas, serían reconocidos en cualquier calle de su país. Es el «lobby», la palabra mágica en la capital de Dinamarca, el último intento por captar el voto indeciso en una elección que, según dijo el presidente de Brasil, Lula da Silva, «puede cambiar el curso de nuestro nación». Es el singular proceso de designación de los Juegos Olímpicos que corona a los miembros de la Asamblea del Comité Olímpico Internacional (COI) en reyes por un día.
La indiscriminada paradoja del «lobby» llega a extremos igualmente singulares. El nuevo presidente de Japón, Yakio Hatoyama, la primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama, el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, o una deidad en el deporte como Pelé estiran sus tentáculos para sacar del «room service» a los asambleístas del COI, que en determinados momentos evocan al jurado que sentenció a Al Capone. «Intentaron no salir de su habitación, exprimir el «room service» y comunicarse por internet», cuentan al oído en la delegación de Madrid 2016. Michelle Obama, en la desenfrenada carrera olímpica entre Chicago, Tokio, Madrid y Río de Janeiro, se quedó sin almorzar el día antes de la votación. A pesar de que sus asesores insistieron en trasladarla al restaurante, la mujer del presidente estadounidense prefirió no comer a perder unos minutos de charla con el correspondiente asambleísta malayo, austriaco o panameño.
Son los reyes del mambo. Pero, ¿quiénes son?
Imposible ejecutar un retrato-robot. La extensa amalgama de personalidades se divide de entrada en dos: los ex deportistas con un pasado olímpico y los nobles-empresarios-federativos que han surcado los mundos de la dirección y la gestión a través de federaciones, organizaciones o eventos deportivos. El reparto geopolítico instruye sobre la influencia de los continentes. En el mundo hay ricos y pobres, como se comprueba en la composición: de los 106 miembros, 47 son europeos, 22 asiáticos, 18 americanos, 15 africanos y 4 de Oceanía. Italia y Suiza son los países con más representantes, cinco cada uno. Les siguen Rusia, Australia, Gran Bretaña, Alemania y Suecia, con tres. Europa manda.
España sólo cuenta con el hijo de Juan Antonio Samaranch, ingeniero industrial y analista financiero, integrado en el deporte a través de las federaciones nacionales e internacionales de pentatlon moderno (la prueba que combina tiro con pistola, esgrima, natación en 200 libres, salto ecuestre de obstáculos y carrera campo a través). Samaranch junior fue el primer ponente de Madrid 2016 en la exposición ante el sanedrín. «Mr. President and colleagues from the IOC. Hola everyone!», saludó desde el atril.
Si España no tiene más representantes en el COI se debe, en última instancia, a una buena noticia. La tenista Arantxa Sánchez Vicario -ganadora tres veces de Roland Garros y una del Open USA- estaba embarazada de su hija, Arantxa, cuando se presentó como candidata en la última votación, que se efectuó en la Villa Olímpica de Pekín 2008. La tenista no pudo desplazarse a la capital china y compitió contra otras «celebrities» como las tenistas Amelie Mauresmo y Justine Henin, los nadadores Grant Hacket y Alexander Popov o los atletas Wilson Kipketer, Xiang Liu y Paul Tergat. Había 31 aspirantes y se eligieron cuatro (Popov, entre ellos).
En este proceso, el COI exigió como requisitos haber participado en los Juegos de Atenas 2004 o en los de Pekín 2008, tener más de 18 años, no haber sido sancionado nunca por dopaje y hablar inglés o francés. Por esta vía ingresó el waterpolista y actual responsable de las relaciones externas del Barça Manel Estiarte, que permaneció en la asamblea olímpica entre 2000 y 2004.
En la relación actual de sabios existe un variopinto elenco de mezclas y nacionalidades. Hay, por ejemplo, estrellas del deporte como el nadador Alexander Popov, los atletas Frankie Fredericks, Hicham El Guerrouj y Serguey Bubka o la esquiadora Pernilla Wiberg. Primeros espadas de la gestión deportiva como Jean Claude Killy -ex presidente de ASO, la sociedad propietaria del Tour de Francia y el Dakar- o Dick Pound -ex presidente de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA)-. Y, en cantidades industriales, mucho dirigente deportivo que luce un currículo discreto como deportista.
Uno de ellos, el mexicano Mario Vázquez Raña, asoma siempre en cualquier conversación relacionada con el COI. Es el poder oculto, uno de los personajes más influyentes del actual movimiento olímpico. En su país es casi una leyenda. Dueño de una cadena de periódicos -la Organización Editorial Mexicana-, multimillonario, hijo de españoles oriundos de un pequeño pueblo de Orense (Avión), es el único de todos sus hermanos que no nació en Galicia. Presidente del olimpismo panamericano, es el motor deportivo del continente americano, al decir de numerosos analistas. Trabajó en las minas de Chihuahua antes de montar su primer negocio -una tienda de muebles- y lanzarse a la conquista de su imperio editorial, practicó el tiro como aficionado y entró en la gestión deportiva a través de esa modalidad minoritaria. Hoy es uno de los «capos». Uno de los motivos por los que llora Madrid y los Juegos se celebrarán por primera vez en Hispanoamérica. «El deporte me ha dado parte de lo que me faltaba en la vida», ha comentado estos días el mexicano.
El voto de Vázquez Raña vale lo mismo que el de los demás, pero el COI es una cantera de voluntades políticas que dirige el belga Jacques Rogge (67 años) bajo el «modelo Samaranch». Un sistema plenipotenciario que le atribuye un poder enorme. 61 de los 106 miembros de la Asamblea que decreta el destino de los Juegos son designados «a dedo» por este cirujano ortopédico nacido en Gante el 2 de mayo de 1942. 15 representantes pertenecen al conglomerado de 35 federaciones olímpicas. 15 más a una delegación de los 205 comités olímpicos nacionales. Y 15 son ex deportistas que se presentan, como Arantxa, a los sufragios en los que votan sus colegas. El resto, 61, son nominaciones personales de Rogge.
El presidente del COI fue regatista olímpico en los Juegos de México 68, Munich 72 y Montreal 76. No ganó medalla, pero sí fue campeón del mundo. Elegido en 2001 en sustitución de Samaranch, el médico belga siguió el modelo que había impuesto el empresario barcelonés. Para defenderse del acoso anglosajón, para no exponerse al tributo de las teles americanas, mantuvo el ideario: él mismo, como antes hacía Samaranch, escoge a 61 miembros del COI. Los mismos que nos dieron Barcelona, han desestimado ahora Madrid.




